viernes, diciembre 15, 2017

Claridad

Ya tenía claro, desde hace tiempo, que debía apegarme al vínculo y hacer caso omiso al ruido interior que se forma cada vez que mis inseguridades se asoman más de la cuenta. Y sí, es de gran ayuda, aunque todavía no tenga controlado el switcheo que puedo hacer con tanta facilidad a veces. Porque no me sirven los demonios, no me dejan ver y ya he comprobado que no veo con la claridad suficiente y puedo cortarme las venas –imaginariamente– con un montón de toxicidades que mías ni son.

He entendido que amar es, en parte, tomar decisiones y apegarse a ellas, y creer hasta que haya pruebas que demuestren que eso que percibo es real.

Me siento como la loca que presiente, pero no puede tocar, aunque quisiera tocar, sólo para constatar que todo lo que presintió era... Y al mismo tiempo no, no quiero nada de eso. Soy ambigua, como siempre, y me trato, con el afán de que no se me vaya la hebra. 

Y, mientras tanto, entiendo que es real, que está, que no me quiere hacer daño. Y no, a veces no doy con el origen de este miedo. No doy de consciente, pero entiendo, porque mucha terapia de por medio.

Pero sí, es lo más real en una década, y 10 años es mucho tiempo.



ALWAYS: Hoy tomé el tren ligero y el metro a casa, porque comenzaron cambios chonchos en la rutina de mi Diana, por ende, en la rutina para mí. Hice algo que no hacía en varios meses para volver a casa. Vienen cosas buenas para las dos. La vida es buena.

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