jueves, septiembre 28, 2017

Temblores en septiembre

Este mes he tenido dos movimientos telúricos de suma importancia: el primero dos días después del sismo del 19 de septiembre, uno que jamás imaginé vivir, que rompió de nueva cuenta a la Ciudad de México en muchas partes que, ahora mismo, no sé cuándo volveré a ver juntas otra vez. Me parece lejana esa visión en donde todo vuelve a ser como antes de las 13:13 horas de ese día, cuando ese trepidatorio del copón peinó la urbe y con ello nos cargó el carajo, así sin más. Todavía hoy sueño con terremotos, sismos, temblores. Todavía, casi a cada instante, pienso en qué haría si de nueva cuenta un tremor tal volviera a apropiarse de la ciudad. Y fantaseo con salir corriendo, irme a otro país, a otro lugar, aunque ese lugar represente el abismo más profundo de mi ser. Me caigo, me rompo y me quiebro como todos esos edificios que vi caer al menos en videos que se reproducen al infinito en Twitter o YouTube. En seguida me levanto y creo que toda esa unión de personas aquí y allá, volcadas en ayudar, es lo mejor que le ha pasado a la ciudad en tanto tiempo; y creo en la vida y en que todo va a estar bien. Y es así cada día. De arriba para abajo y viceversa: son demasiados sentimientos los que me recorren. "Esto va a pasar", me digo. "Todo va a estar bien", dice Diana. Pero todo esto no va a pasar sin pena ni gloria. Eso no. Así ha sido este septiembre y sus temblores –los personales, los terrenales–, que no son cualquier cosa, no.

El otro se llama Diana: he vivido el mes más intenso desde que nos quedamos de ver para cenar y explicarnos el por qué yo la busqué como la busqué, luego de atragantarme en el comedor del trabajo mientras ella, de lo más fresca, nos deseaba buen provecho a mí y a mis compañeros de equipo el 17 de agosto pasado, el día de los atentados en las Ramblas de Barcelona. Ese momento marcó el inicio de un controvertido mes que se plagó de inundaciones y sismos que, vaya casualidad, se reunieron para alterarnos el pulso y el estrés en esta bonita ciudad y a sus pobladores. Fue un salto al vacío buscarla y decirle que me ponía nerviosa lo que sigue porque me gusta. Y su respuesta se convirtió en una cena, que se convirtió en un abrazo, que se convirtió en tantas cosas, que se convirtieron en cercanía, que se han convertido en un sentimiento profundo y grande. Podría ser demasiado, pero es lo que es después de meses de pensarla, mirarla de lejos y casi que estudiarla sin esperanzas, hasta ese día. Todavía no tengo palabras para explicar a Diana, lo cual ya es mucho decir, que soy persona que se cuenta por escrito mejor que otra cosa, que amo explicar mi realidad a través del lenguaje. Pero Diana es Diana y se me abre como algo demasiado hermoso que, debo ser honesta, disfruto enormidades, pero ¿explicarla? ¿Decirla con palabras? ¿Aquí? No lo sé. Siento el pudor de quien quiere guardarse lo más hermoso para sí y para siempre, pero intenta vivir el aquí y ahora como nunca antes en la vida, por salud mental, emocional y por evitar un descalabro tal, que ya ha vivido demasiados. Así me guardo a Diana, en palabras escritas en libretas personales, en visiones magníficas que nadie más que yo. Porque es Diana y soy yo, ahora, quien como nunca antes decide hacer un mutis prudente, porque vaya tremor que es esta mujer maravillosa a la que llegué gracias a demasiadas cosas.

Septiembre la trajo al mundo y ya se me queda como un mes parteaguas. 

Los temblores de septiembre, para siempre. Con sus risas enormes. Con sus lágrimas. 

Septiembre al fin.



POR AQUÍ: Exacerbada por los acontecimientos del último mes, me desbordo a cada tanto. Porque no quiero equivocarme y alejar lo que ahora quiero, porque puedo ser el manojo de hormonas más grande de mi planeta personal. Menos mal que entiendo por qué y que no quiero herir ni responsabilizar de mi drama personal a nadie más. Nado mis penas, nado mis limitaciones, vivo aquí y ahora para no llevarme a nadie de corbata, como diría mi mamá. Los controles están impuestos. Me declaro controlada por supervivencia, porque quiero poder estar con alguien tan maravilloso como ella, como Diana.

No hay comentarios.: