miércoles, junio 21, 2017

Enferma

Todo es inútil, pienso, y no, no quiero entrar en mis cabales. Quiero montar un berrinche del tamaño de una avalancha que me arrastre y pierda en el abismo. Todo hubiera sido más fácil de no haber nacido. Un suicidio contundente y certero me habría ahorrado un montón de cuitas y desencuentros. Por si no fuera suficiente el sufrimiento que viene implícito a la vida, se me ocurrió aceptar el tratamiento de ortodoncia que me ofrecieron como la cura a mi bruxismo recalcitrante. Ahora, no nada más aprieto los dientes por las noches como bendita, sino que me da pereza comer: los fierros que ahora sobresalen de mis piezas dentales pueden llegar a causar heridas que, con tal de no despertarlas, prefiero no comer.

La falta de alimento, ya lo noto, me ha hecho perder peso. No obstante, sigo nadando como loca y cuando puedo, porque tampoco voy diario. Si voy dos días consecutivos, me dan calambres. Pero sí, sí estoy un pelín obsesionada con el peso, sobre todo luego de haber ganado tanto. Quiero a mi gorda interna, pero la quiero sólo ahí. Todavía no me amo como debería o no llego al Olimpo de la terapia como para no exigirme una puta perfección que todavía no doy con dónde la pesqué y por qué la sigo queriendo tanto.

Podría asegurar que la culpa de todo la tiene Yoko Ono, es decir, los padres. Pero, ¿de qué me sirve atorarme eternamente ahí? Ya poco a poco he conseguido hacer avances y encabronarme un poco más, de lo que jamás me había permitido, con mi padre, aunque estoy segura de que podría alcanzar niveles dignos de mi abuelo paterno, a quien detesto abiertamente y me caga la madre desde que tenía alrededor de 5 años, y ahora tengo 40. Clara de que uno ni elige venir a este mundo y ni a la familia que nos toca, en algún punto del camino decidí que sólo porque no me he permitido enojar con mi padre, no lo desabuelaba, pero muero por hacerlo; lo malo es que hierba mala nunca muere y el desgraciado vivirá más allá de los 95, segura estoy, porque va a salir tan longevo que su sacro santa madre, a quien él odiaba. Típico caso, pues, de un Edipo mal llevado, creería, que no sé de dónde desarrolló a un narciso tan hijo de puta que juró que su misión en esta vida era repoblar al planeta, porque tuvo de hijos como quiso, porque me queda claro que no se cuidó jamás. A mi abuela la embarazó 14 veces –sólo tuvo 4 hijos, pero ella feliz de la vida, no crean que fue imposición, ya que suponemos (hablo aquí de mi núcleo familiar) creyó que a base de chilpayates retendría a ese, su hombre, mal cálculo que sólo le desgastó el organismo al punto tal que ella es más chica que él y actualmente se ve mucho mayor que el señor "ese, su hombre"– y no le llevo la cuenta, pero otros 5 sí tiene.

El punto es que hoy quisiera hacer un berrinche gigante: me encantaría decirle a mi ex que es un cabronazo por haberse metido con alguien de noviembre, que lo dejamos, para acá; porque yo no me he metido con nadie y he pasado un periodo considerable de abstinencia sexual del tipo "me cago en todo", pero abstinencia al fin, no que él, que me tenía azorrillada con el tema de la infidelidad y juraba que le puse 5 mil cuernos, se buscó a la primera de cambios a alguien, porque, cito, "decidió seguir con su vida"; claro, no tenía que luchar por Mariana, no, para qué chingados si hay tantas mujeres más con quienes diversificar y anexas, ¿no? Pero por más que me den ganas de armar el mega Pancho, no puedo: soy una mujer adulta que, como él, decidió seguir con su vida y posó sus ojitos en una chica y consideró correr a seducir al ex novio de toda la vida, también conocido como el Sujeto T. A ver, que la verdad no tengo perdón de dios. Y sí, sí lo entiendo, no puedo hacer berrinche, porque NO puedo. Ni debo. En fin.

Complicada como soy, se me complica la vida: se me revuelve el estómago, literal, y lloro como Magdalena ante la realidad: mi ex sabrá dios en qué esté metido y con quién; saber si siquiera le pasa por la cabeza venir a proponerme nada; ni puta idea de qué quiere o no hacer, que no sé si sea mucho e, independientemente de eso, a mí ¿qué? ¿Lo busqué porque lo quería de regreso como pareja? ¿Estoy sacada de onda porque me hizo sentir cosas por él que pensé que estaban muertas de por vida? ¿Me siento de la verga porque a él me llevó una ola de desajustes familiares que sabrá dios si algún día se van a acomodar?

Y así las cosas. No sé si marchar el sábado o quedarme en este lugar, pero me debo y quiero festejar esos lugares que me he dejado explorar y que me encanta y quiero en mi vida. Abrazar a los dos mundos no estaría nada mal para variar, para dejar de pelearme conmigo misma. Oh, contradicciones hoy.


DSPCT: Ni yo me lo creo, pero sí, me dejé caer en el éxito del momento malpedísimo.com. Y así voy, permisible hasta la pared de enfrente, o represora como la peor carcelera de deseos y ganas. 

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