miércoles, mayo 17, 2017

Calor padre

Incipiente, el verano, pero se le está colando padre a esta primavera que ya fue. Es inusual el calor de la última semana, por lo menos. Aunque ya me lo parecía así el que hubo en abril. Y siendo la más de las honestas, con demasiadas novedades. "Le gustan especiados", pienso. Como a mí. "Nada", repito, "nada 5 kilómetros". Como yo. "Su celular lleva cubierta roja", esbozo. Como el mío. Y así.

Abril fue un mes difícil –porque cero puentes, sólo semana santa, no tengo perdón de dios–: me topó con una contractura astral –porque Mercurio retrógrado y esas cuestiones estelares, de estrellas– y con demasiadas ganas de encontrarme a la chica de frente, de cerca –lo cual nunca sucedió–.

Ha sido mayo, ah, pinche mayo, que me trajo la sorpresa de poder escuchar su voz y seguirla descubriendo la mar de interesante, sin afán de idealizar. Pero sí, se me antoja lo que sigue de interesante e inteligente y –porque hay que decirlo– sabrosa.



FLUTES: Bang, bong. Ah. No. Esa es otra canción. La cosa es encontrar a dónde nos lleva el hilo si tiramos de él. Porque no es cuestión de hombres o mujeres, sino de algo que traigo ahí atorado. Algo que lleva ahí demasiado tiempo. Algo que no he podido ver a pesar de todo lo caminado. Como sea, no se mareen. 

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