jueves, enero 19, 2017

El sabor de todos los helados

"No quiero no estar a tu lado", entona Zahara con todo el sentimiento. El corazón se me hace chiquito desde hace unos días y no sólo por escucharla cantar eso. Normal: me vino el periodo y tuve un ataque de gastritis del copón. Esto, porque realmente tengo problemas con las personas aprehensivas que, en situación laboral de estrés, se ponen en modo "chicken without a head" y gritan y ordenan y no se aclaran mucho que digamos. Esto me pone como un manojo de nervios. En pocas palabras, no reacciono bien a la violencia y estoy hasta la madre de estallidos y revientes ajenos, pero achacados al otro, el cercano, el que se chinga.

La rajada en la panza hace de las suyas y me preocupo: no estoy pudiendo pasar por encima de las reacciones de los otros. Tendré que hacerme a un ladito y dejar de echarme santos que no son míos. Prefiero ser isla mil veces, que cargar por ahí.



ZHR: Y como Zahara quiere vivir en agosto, por aquello del desvelo, yo querría quedarme a vivir en diciembre. Aunque las fiestas me pongan muy malita de mi control freakness, si me quedo ahí como en el Groundhog Day podría cambiar según qué cada vez, hasta lograrlo. Pero no va a ser así. Ya llegó enero.

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