lunes, diciembre 19, 2016

La persona

Se puede tener en el más absoluto de los olvidos lo que se siente ver a alguien que te toma hasta dos días bajar avión, por la impresión que te causa. Pueden pasar hijos, tatuajes, uñas rotas, felicidades y tristezas, pero tu persona, es tu persona para siempre. Al menos, eso me dejó en claro una comida a la que asistí el sábado, por la que esperé casi 7 años. No exagero.


GREAT HEIGHTS: Las pecas de los ojos que se alinean, los putos planetas, el valor para escribir un correo y preguntar, de frente, cómo estás, qué es de tu vida, en lugar de dar mil vueltas; la emoción, los nervios previos, las ganas de quedarse ahí para siempre, como quise que hubiera sido en lugar de esa historia que se dibujó casi que sola, porque no tuve las herramientas para haber evitado toda separación, todo olvido. 

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bonito, reencuentros anhelados. Siempre que tanta emoción sea recíproca. De otra forma, el anhelo y la espera (siete años) genera vértigo. Y a veces ni cómo saberlo.

mariana m* dijo...

Lo más bonito de reencuentros así, puedo decir hoy día, es que justo si la emoción que se mueve del otro lado no es ni por tantito la misma, no pasa nada. Intentar controlar lo que sucede, es muy 2005 para mí.

Anónimo dijo...

Me encanta leerte y saberte plena!!!