viernes, octubre 28, 2016

Diálogos personales

Gran parte del problema es ese, ver algo que no ven los demás. Las más de las veces, lo odio, lo detesto, me caga. Por eso, cuando encuentro a alguien que alcanza a –al menos– atisbar esas conductas, esos gestos, esas intenciones clavadas en lo más inconsciente, no lo dejo ir. 

La cuestión es muy simple: ¿por qué nos interesaría ver? Y en ver resumo una condición de conciencia avasalladora: vernos, conocernos, valorarnos, entender al otro, entendernos respecto al otro, ver al otro, reconocerlo, que conocerlo es tarea titánica.

Verme me tomó un lustro. Hace cinco años aterricé en DF más que rota, hecha polvo y muy inconsciente de demasiado, sino es de todo lo que me estaba sucediendo. Entendí, como he dicho tantas veces, a punta de terapia por qué había llegado hasta ese lugar conmigo tan desvencijada. Y me rehice. Quizá por eso valore tanto el camino, el trabajo: la panda de idiotas que coleccioné durante casi toda mi vida, a la que le permití –gracias a los altísimos niveles de violencia tan normalizada que maneja (manejamos) el común de la gente– me hiciera daño porque sí, porque aunque lo intuía, no tenía herramienta ninguna para entender y protegerme.

Por eso no me pesa restar. 

Lo más gracioso es que a pesar de toda esa inconsciencia, intuía, lo cual no me valía para ver la película completa y poner límites claros.

E insisto: los títulos universitarios no dan conciencia ni luz, así que vamos por la vida repitiendo conductas que aprendimos en casa, de nuestros padres, abuelos, tíos. Y si no hacemos la tarea personal a punta de terapia, las vamos a seguir reproduciendo.

Es tan normal pegar un golpe físico o verbal, está tan justificado, lo tenemos tan normalizado, que da miedo. A mí me apabulla y ¿reproducirme? ¿Para hacer lo mismo? Todavía me queda trecho en la terapia, claramente. No se puede vivir con tantos miedos. Pero sí se puede sin esa gente ciega y altanera, sobrada. Ridículos ensayos humanos, ¡fuera de aquí! Mucha terapia me queda. Aún estoy un pelín enojada.


JOAN: Valiente, hay que serlo. Que verse tiene su lado feo, por decirlo de alguna manera. Lo que no he de ver de mí debe ser mucho todavía. Lo más bonito es estar en el camino y no dejarlo. Yo quería graduarme al lustro de la terapia, pero el maravilloso avance de este año sólo me ha hecho ver que queda trecho. Así que no lo dejo.

No hay comentarios.: