lunes, septiembre 26, 2016

Crónicas del hartazgo

Por lo general no tengo que subir a la azotea de mi edificio, salvo cada mes que dejo el pago del mantenimiento a Juanita, la amable vecina que hace las veces de administradora de la finca. Esta semana he subido ya hasta tres veces, porque la Delegación, dice la mujer, tuvo que cortar el suministro de agua desde por ahí del puente, para reparar tuberías cerca de mi casa. La sequía me alcanzó, como lo hizo con los distintos dueños e inquilinos que poblan este inmueble y la peste también nos está alcanzando. Por lo menos yo no he podido hacer una limpieza profunda, pero como gozo de una suscripción a un gimnasio al cual acudo puntual a practicar mi necesaria natación, puedo ir a bañarme cada día y no ir sucia por la vida. No así según qué vecinos que ya dejan escapar rancios olores por los resquicios de las puertas de sus departamentos. De eso me di cuenta hoy, cuando subí a constatar que los tinacos siguen secos, vacíos, sedientos. Y si la cosa sigue así, la peste nos va a alcanzar. Con su justa medida, porque yo sí me baño.

La puta monserga de ir cada mañana al gimnasio a bañarme, me está colmando el plato. Así que me impulso a ejercitarme manquesea en las escaladoras, porque gracias a una infección en el oído, no puedo nadar hasta dentro de unas dos semanas o así. La puta infección me cayó porque las defensas se me bajaron de tanto estrés y el puto estrés lo llevo metido en el cuerpo, porque desde principios de junio me pusieron a trabajar por dos y no he parado, aunque francamente ya no me importa si se cae el changarro, que ya no puedo con mi vida de tanta y tanta mamada: el desquicio por el "nonsense" también me alcanzó. Y no, no me pagan doble, ni me pagarán doble o me darán un bono: estás empresas modernas de mierda se piensan que es obligación de uno ponerse la camiseta, porque como ya están despidiendo gente para sacar margen de ganancia, que las ventas no van viento en popa y pues hay que ahorrar, y la gente siempre va a sobrar, y entre los que se quedan siempre hay hambre y necesidad y su puta madre. Entonces, por patadas de ahogado, me toca chambear por dos así nomás, y pues no, ya no puedo.

En el trayecto se cayó mi relación que apenas cruzó la frontera del año y no sé ni cómo, si estaba cayéndose desde harán más de 12 meses, pero decidí aferrarme al hecho de que ser adulto es lidiar con situaciones con las que no siempre estás de acuerdo o conforme, que siempre he sido una chamaca imberbe y caprichosa que suele botarlo todo a la primera de cambios: si no me gusta, lo mando todo a la mierda, lo cual ha cambiado mucho a lo largo de los años, que a base de golpes y putazos he aprendido que ser adulto responsable, representa justamente responsabilizarse de uno mismo y de las consecuencias de sus decisiones, que no todo es amor. Y pues así fui por esa vida de pareja que ya no más, ya no más, ya no fue.

Hace tres semanas, luego de un insomnio de mierda y en lugar de cortarme la cabeza, me corté el cabello y respiré. Luego la relación se terminó de ir a la mierda y respiré más. Hoy me siento triste. Como sea, se construyó algo que se fue a la mierda y eso duele. La ausencia duele. Los anhelos cuartados duelen. Y así la vida que sigue como todo y qué. Ya qué.

En todo este inter logré consumar un acto que no concebía factible: enfrentar poquito al padre y darme cuenta que todo el miedo que le tenía no fue nunca mi miedo, sino el de mi madre que no resolvió nunca con su propio padre. Y eso ya me deja descansar mucho, que cargaba una pesada loza creyendo que todo mi mundo se iba a ir a la mierda si le pedía a mi padre que me hiciera manifiesto su cariño, aunque me faltó decirle cara a cara que me ha hecho toda la falta todos estos años, en los que creía que no me quería por no ser varón. Todo esto con su bonita carga de inconsciencia pura y dura, que no fue sino a base de cinco putos años en terapia que logré sacar todo esto a flote de las cavernas más profundas de mi alma, de mi corazón.

Se cuenta fácil, pero ha sido un peregrinar salvaje por territorios desconocidos y enterrados deep inside mi ser, pero lo he logrado. Ya el resto, como sea creo que se irá acomodando.

Al margen de esto, mi eterno desencanto por la humanidad persiste. Anoche la vecina de arriba lo alimentaba cuando al filo de las 00:00 horas puso Beatles a todo volumen. Fui cobarde y no quise ponerme el batín y puntuflas para irle a pedir calma a sus caballos iracundos, así que sólo me atreví a hacerle un tí-tí-tí-tí-tí en su timbre. La muy puta paró la música, mientras yo me devolvía a mi guarida. Como no ha de ser muy tonta, luego de bajar a revisar el portal, regresó a su jaula para montarse un slam de zapateado feroz y yo, me lastimé el oído malo cuando me puse unos tapones para obviar su rabia de mala puta y mala gente. Era domingo, joder. O más bien lunes y yo soy una puta oficinista de mierda llena de estrés y hartazgo. Porque estoy harta. Pero ya no soy la niñata que bota todo a la verga. Así que me quedo a esperar a que regrese la calma y pueda recuperar un poco de ilusión por acudir a ese recinto de la productividad, que yo llamo esclavismo ahora, a ser una obrera "feliz"... Aunque para eso me tengan que hacer una lobotomía, porque para como soy... Si ya superé el "I'm done with humans" como nunca en la vida.


DINOSAURIOS: Suena a lo lejos el bip-bip de una aplanadora que reencarpeta la calle perpedicular a la mía. El viernes fue lo mismo, cuando hacían esa labor de noche. Espero que esta no sea una larga velada que ayer sólo dormí 3 horas a lo mucho. ¡Viva la vida! Que todo va a desaparecer. Es cuestión de tiempo, nomás.

jueves, septiembre 01, 2016

Hater again

Odio mucho a la CDMX estos días: mucha marca ciudad, pienso, pero ¿y esas putas latas de sardinas llamadas micros que van a todo motor con clase obrera trabajadora hacinada de Chapultepec al Estadio Azteca? Y que todavía le da las gracias al conductor –lo crea usted o no– que se la pasó en pleno acto laboral –que representa conducir un vehículo– en llamada de celular pidiendo "su Whatsapp de él", porque no lo tiene, y avisando que "le va a dejarle sus cosas de él al rato". "Su puto Whatsapp de él", pienso. Acto seguido me monto en el tema "gente que habla como escribe, es decir, mal" y que va por la vida así, hablando con el puto culo –tan bello que es hablar bonito, cómo la RAE manda– contaminando a otros "con su leguaje de ellos". Dios santo.

La razón por la que estoy tan amargada es porque estoy hasta las trancas de trabajo, y todavía no sale el sol. Lo curioso del asunto es que lo que me trae chata no es el trabajo que hay que hacer en sí, sino las gracejadas que se gasta la gente de oficina, de la mía, esas bonitas personas que me rodean y no mandan mails o mandan mails exasperantes e ilógicos. Y no sé por qué me lo tomo tan a pecho, pero es que sin pasión, ¿qué sería de mí?

Así que vuelvo a mi etapa hater del DF. De la CDMX. De su puta madre. Y me quiero ir, no quiero seguir jugando a la ser la provinciana en la capital. Estoy muy harta y muy insomne y muy estresada y así, me intento dormir.



CLAVE: Dicen que Mercurio está retrógrado, que tenemos que cuidar lo que se dice, se escribe, porque se puede mal entender. Hace más de 20 años de esta rola. Y no, no quiero que desaparezcas, pero los niños rotos se tienen que ir al taller de "Reparaciones necesarias para ser adultos medianamente felices".