sábado, agosto 27, 2016

Qué es la vida sino eso

Es sábado y me desperté sobre las 7:30 de la mañana. Y me estaba haciendo el café, cuando me atravesó un cierto gozo, una alegría de disfrutar cosas tan cotidianas como esa sin tener la prisa apabullante del día a día –cuando hay que llegar corriendo a la puta oficina– mordiéndome la nuca: si no fuera la hedonista que soy, no me molestaría tanto, pero es que, ¿cómo no disfrutar el aroma, el sabor, la gloria del café de la mañana? 

Creo que no hay nada más triste que, como dice Amiel, habernos dado cuenta tan pronto en la vida que detrás de todo, no hay nada, y, como dice mi tío Arturo, hay que encontrarle el sentido a lo que no lo tiene, porque si no, ¿qué hacemos aquí?

Si al escribir todo esto no me entraran una ganas de llorar tremendas, pensaría que estoy sólo despotricando contra el mundo, pero a mí me tocó ver todo eso, y no me tocó elegir: lo encontré porque siempre quiero entender el puto por qué de las cosas.

Y aun desde esta trinchera tan pesimista, sonrío y creo que triunfé en la vida porque vivo en un lugar al que siempre quise regresar y, como sea, tengo un trabajo entretenido al que tengo mucho qué agradecer: me ha dejado ver cloacas humanas gigantescas. Es como una comedia protagonizada por locos y disparatados ensayos humanos. Me quejo de estar sólo viendo la vida pasar delante mío, del otro lado del cristal que divide ese impoluto espacio del resto del universo, pero la vida sucede ahí todo el tiempo: es una oda a lo que somos, mezquinos, egoístas, protagónicos, edipos, huecos, sobrados, primogénitos, huérfanos de razón, muñecas, pitos chicos, niñas rotas, candorosos, herméticos, inteligentes desaprovechados, prepotentes, inseguros de mierda, entre un millón de etcéteras más.

Qué es la vida sino eso justamente: la vida, la diversidad, la posibilidad de todo o nada. Y ahí está el sentido: creer que somos parte de ese todo y disfrutar de pequeños logros cotidianos haciendo las cosas bien para obtener una retribución a cambio e irnos pa' casa a soñar un tantito, recobrar fuerzas y volver al camino.

He sobrevivido a un verano brutal, porque lleno de trabajo, de uno bestial y despiadado, porque ¡todavía fuera solo trabajo intelectual! pero no: hubo que lidiar con toda esa masa amorfa de ensayos humanos cada bendito día de lunes a viernes. En fin. Qué les digo sino ¡qué diver!


VLLNT: En clave de baile, escucho y escucho, porque puedo y me da la ganita disfrutar según qué cosas. Como las joyas que también he encontrado en esas cuatro paredes llamadas oficina.

NOTA: Este año el blog cumplió 10 años. También me entran ganas de llorar al teclearlo. Han sido un montón de letras, pero sobre todo de vida. La puta vida a la que, si bien a veces no le hallo, la suelo disfrutar a tope. Sólo que grinch hasta la muerte, porque #yolo y así.