lunes, marzo 28, 2016

Juegos salvajes, como Rosa

La carretera tiene sus cosas. Me acuerdo cómo me carcajeaba internamente cuando veías los letreros de "Vibradores" en alguna parte del camino de Guadalajara a Puerto Vallarta. Pensaba en dónde estarían esas prometidas maquinillas que dan una cierta felicidad, para pedir que detuvieran el auto y encontrarlas a mi paso. Jugaban con mis sentimientos. Así las cosas con uno que recién me topé: "Maneje con cuidado. Su familia lo espera". ¿Por qué jugar con los sentimientos de las personas para que manejen bien? La gente tendría que manejar bien con o sin familia de por medio, pero necesitan que les piquen en sus fibras más sensibles, porque, al parecer, no son capaces de ser responsables por el deber ser de todo conductor que se precie de serlo. Quizá exagero, que bien puede ser, pero no estoy de acuerdo ya desde las promesas incumplidas por parte de Capufe. ¿Por qué utilizar el chantaje como campaña de concientización de los ciudadanos que se sitúan frente a un volante en carretera? Yo ahí nomás se los dejo, que ya veo que se manipula aquí y allí así como así. Y punto pelota.

Lo cierto es que la carretera ahora representa felicidad, porque es felicidad para Amiel. Y yo soy feliz si él es feliz.


AVALON: Anoche me topé con un concierto de Bryan Ferry por televisión. Me dio gusto que su banda incluyera una gran presencia de mujeres frente a los instrumentos o coros. Quiero pensar que es porque Ferry vio talentos y no nalgas. Que vaya común que suceda. Todavía. 

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