lunes, febrero 29, 2016

Manipuladora conoce a manipulador

En esta, su tragicomedia de ocasión, donde la pasión es como en la vida entera —una perra desalmada—, él la encuentra a ella, que lo encontró guapísimo a su vez. Y las cosas les llegan, suceden, se juntan y se pican, se cucan, se embisten, se pegan. Y la ropa se cae, la piel se cae, la vergüenza se cae: se gustan tanto como se temen. Ya en cueros, se han visto. Se ven, se siguen viendo. No fue cuestión de picahielos. Hay algo ahí. 

No se pierda la traducción en el próximo capítulo. 


3x6: Tres parejas hacen más gente. Que no se pierdan. 

lunes, febrero 22, 2016

Los últimos tiempos

He vuelto a escuchar a Calamaro. ¿Cuántas veces lo hice? ¡Y tantas! "No quiero que se termine, no quiero que me abandone", chilla con su voz suave, cuasi aterciopelada y rasposa. Escribo esto al tiempo que me doy cuenta de lo poco que he posteado: como signo de los últimos tiempos, que son unos en los que tendría que venir mucho más por acá y escribir, como me gusta, como me encanta, como no hago tan seguido y con tanta frecuencia, porque no, ya no vengo por aquí a dejarme a golpe de teclado.

Razones a mi tendencia a racionalizar casi todo, no le faltan, pero no está bien. No lo está, como yo no lo he estado —con tantos cambios de estación en un sólo invierno—, pero resisto como el junco que no se dobla y sigue en pie: no solamente no sucumbo ante los embates de un trabajo de absorbencia total, tampoco lo hago ante los retos de una portentosa y joven relación en la que estoy implicada hasta las manitas, que le dicen. Y estas son las dos tareas que me ocupan estos días.

Más allá de todo, lo gozoso de los últimos tiempos me tiene embelesada: he logrado llegar a un lugar al que tenía muchas ganas, muchas. No lamento haber postergado algo así tanto tiempo, pero a mi favor sólo puedo decir que no estaba lista. Creo fervientemente que nadie escarmienta en cabeza ajena, que se tiene que vivir lo que se tiene que vivir y, así, es la única manera en la que se llega a donde se tiene que llegar cuando se tiene que llegar.

Y más que llegar, para mí es una cuestión de quedarse. De querer hacerlo. De permanecer. Como no sé hacerlo, no del todo, reniego de una extraña pérdida de la libertad. Pero no es la libertad lo que se pierde —porque esa nunca se deja así, como así—, sino que está aquello que se gana en consecuencia: al otro, libre, que viene por la vida caminando hasta que se cruza, como tenía que ser, con tu camino. Y te encuentra. ¡Ay! Estas cosas de ultratumba.


AZTECA: No será santo de su devoción, pero a mí me hace gracia. ¿Qué les digo? Y aunque lejos, me cae simpático, como para tenerle por ahí. Y poco más.