miércoles, enero 27, 2016

Seré, seré

Pero, ¡a quién se le ocurre apuntarse al cursillo de inglés del curro! ¡A quién! Si ya poco me da el estómago para ver a según quién, encima ¿buscar encontrarlos por cuenta propia? Seré imbécil, seré.

Soy de esos bichos de oficina que no saben qué hacer en este tipo de ecosistema. Soy políticamente incorrecta, molesta, indeseable para la paz de estos espacios. Si ya desprecio a más de la mitad de la humanidad, ¿por qué querría asistir diariamente a un espacio de encierro con personas que me dicen poco, muy poco? Y los oasis que se dan tan poco. Son como estrellas fugaces que pasan a veces muy lejos. Sin exagerar, hay días que me seco por dentro. Con el mismo afán les digo que soy una exagerada irredenta: debe haber entornos peores en mi escala de valores. Es sólo que soy tan pinche perfeccionista, tan exigentita, aunque en el fondo en realidad sea una ratita que muere de miedo y tiene que poner cara de malota para que no la aplaste la hostilidad, la prepotencia, la sutil violencia tan propia de las oficinas.

"Vas a levantarte, hermana mía", escucho. Y confío.


MUTANTES: Hoy me han salvado, me han hecho la mañana, porque en el bus que me trajo hasta aquí, alguien olía muy feo. Y entre hedores pensaba por qué sufro tanto si, aparrentemente, he tenido una buena vida. El problema es que normalizamos la violencia hasta en el núcleo familiar y, nos gusté o no, cuando niño eso daña mucho. Se obtiene adultos desadaptados, tramposos, manipuladores y ramplones como yo.

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