lunes, enero 25, 2016

Ojitos bien abiertos

Llegó el momento en el que —como mujer adulta— he podido ser capaz de mirarme hecha un ovillo sobre el suelo, sin más que una bata blanca, desesperada porque las cosas no avanzan, resistiendo a que nada ocurra. Llegó y no sé si ver, verme, apreciar la fotografía completa, me va a hacer mejor persona. No me encanta lo que veo, pero no hay de otra. Ver, verme ahora es la gran paga de recostarme una vez por la semana en el diván y explicarme qué coño me he dedicado a hacer en los últimos 10 años que parecería que no he hecho absolutamente nada a los ojos de según quién, cuando he avanzado una vida: si no escarbamos ahí donde duele, por qué sólo vemos lo que vemos o lo que queremos ver, podemos 1) ser felices, porque no nos enteramos; 2) ser desgraciados, porque aunque creemos que hacemos todo por estar bien, en el fondo somos desdichados, o 3) quejarnos porque algo no funciona hoy, pero no entender un pito por qué, porque según nosotros ya lo arreglamos en terapia y no es cierto. Entonces, ver, verme y no ver sólo lo que quiero ver, sino contrastar durísimo con el otro que está tan cerca que, sin así buscarlo, se convierte en punching bag, espejo, bello receptor de transferencias malditas; y de ese contraste llegar del otro lado.

No sólo llegó el momento, sino que llegó el otro lado. O llegué. El caso es que no encallamos, arribamos a tierra firme. O algo. Y, entonces, el plural cobra todas las formas de la belleza y la felicidad conjuntas. Cursi, pero cierto.


SUPERSTYLIN': La otra es bailar. Estoy convencida que los dos, bailamos y llegamos ya mismo. Sólo por hoy, que me dicen que me pongo muy malita de mi ansiedad si visualizo futuro.

1 comentario:

el7palabras dijo...

Qué buena su selección musical.
Seguro su otra selección también debe ser buenísima. Ande, anímese.