lunes, enero 11, 2016

Adiós Bowie, adiós

"Se murió Bowie", susurró porque eran las 5 de la mañana, porque yo estaba casi dormida. Y nunca imaginé ese momento, en el que me sentiría consternada por la noticia: se murió David Bowie víctima de un cáncer que lo aquejó durante 18 meses. Por eso había anunciado que no volvería a pisar un escenario. Por eso lamentaría, con la noticia, haberme decantado por Soda Stereo, y no ser rica, para hacer ido a su concierto en México allá por 1997. En mi cabeza, Bowie regresaría y yo no me podía perder el adiós de los argentinos, de Cerati, que también ya partió.

Bowie nació el mismo día que yo y me acompañó todos estos años. Si bien mi padre no ponía sus discos como ponía los de los Beatles, me lo presentó para que formara parte de un maravilloso soundtrack de vida. Aquí y allí, su música marca algunos de los más entrañables momentos de mis días de imberbe mujer que se convertía en adulta en medio de un sangriento tránsito por la tardía adolescencia, pero también un montón más de instántes, acá y allá, con más calma que otra cosa.

Y Bowie suena a viejo acetato, como les decíamos a los hoy vinilos, y volverá a sonar pronto en mi propio tornamesa. Hippster, pero cierto, quizá quiera sentirme cerca de casa, de la que fue mi casa en el ranchito amado, aunque también ese remedo de viejo sonido haga de mi casa, más mi casa: nuestra casa.

Todo cortesía del que acompaña ahora mi vida y como regalo de cumpleaños.


HOMENAJE: A quien por momentos me hizo compañía y de la buena. Y a quien ahora está, gracias a su dios personal y al cielo, porque se está poniendo bueno.

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