martes, diciembre 22, 2015

Perras

Yo les digo perras, pero puedo asegurarte que no tienen la forma de un animal tal y como lo es un perro. Aun así les digo perras, las pinches perras: personas tan comunes como cualquier ciudadano de a pie. Lo que las hace perras, creería, es la sed de aprobación, una voraz necesidad de recibir no una, sino cien mil millones de "palomitas", de apapachos y caricias de sus superiores –en algunos casos de los colegas, también–, palmaditas en las espalda que avalen sus "buenas acciones", esas que se dedican a fabricar y apuntalan con conductas pasivo-agresivas que, ¡oh, dios mío!, mucho contaminan los ambientes en los que se mezclan. Sepan que las pinches perras no son sólo mujeres: hay hombres que se decantan por ser parte de esta especie que tanto prolifera en espacios cerrados y de largo cautiverio como lo son las oficinas, ¡ah!, maravillosos templos de este tipo de conductas.

Las perras se erigen cuales gigantescas efigies de la bondad: cuando se reflejan en un espejo, lo que ven son hermosas figuras de eso que anhelan ser; así, pueden llevar ropa costosa o que aparentan ser costosas, unas porque tienen y pueden, otras porque quieren lo que las otras tienen, al menos parecerse a eso a lo que aspiran. Y pasan desapercibidas. Quizá sólo unos cuantos padezcamos el horror humano que es verlas de cerca y sentir demasiada pena: me encantaría conocer a una pinche perra que se dé cuenta que no me la pegan, que no les creo, que las detesto y no las quiero por aquí, porque a mí no me obligan, porque a mí nadie tan cortito –en todos los sentidos– me puede dar línea y que lo vaya a seguir.



VIDEO: Y así, pegándose como animales, van los unos con los otros reproduciéndose y vaciando al mundo su mediocre ser. Esa es la historia, amigos, y se repite ad infinitum, ad náuseam, por el resto del maldito tiempo.

domingo, diciembre 06, 2015

La reina pasmada

Hace casi 4 meses, un amigo me escribió un correo. Me ponía al día de su vida, de lo que implicaba dar la vuelta al mundo con su pareja, de su relación. "Es una relación ya que casi va sola", me dijo. Y desde ese día intento elucubrar qué significa que una relación vaya así, casi sola, no como un pequeño de meses, entrado en el año, y haciéndose al andar, sino como el adulto que decide por sí mismo y es responsable de su persona. A algo así me sonó. 

Si camina sola es que hay, por sobre todas las cosas, comunicación: los dos se hablan en el cotidiano y desde ahí para, en la intimidad, hablar desde adentro. Al menos es lo que yo digo. Y ahí se me cae la cara de asombro, o vergüenza, porque se me ha vuelto a aparecer ese viejo fantasma que es mi incomunicación con el mundo y me encuentro parada frente a un montón de recaídas y reparadas con mi pareja.

Habrá veces que va a ser difícil, porque sí: yo no comunico. Me pasa esa cosa graciosa de que, si pasa en mi cabeza, si ya lo pensé, seguramente tú lo vas a entender, porque esa idea existe en mi cabeza. Así que ambigua, complicada, pasmada. Siento como si estuviera parada al borde del acantilado con mi reino a los pies, con toda la extensión de mis tierras frente a mis ojos y yo estoy ahí, sin hablar, sólo contemplando la eminencia de todo eso que soy, sin poder articular palabra por el empacho que me causa esa enormidad de territorio.

Puedo acomodar en mi cabeza las cosas de manera que las pueda entender de una manera lógica, razonable, pero no me pidas que entienda todo ese universo de emociones que me despiertas y no sé cómo acomodar, dónde poner, cómo tratar, y ¿a quién recurrir?

Nunca pensé que iba a decir algo así como "estoy pasmada por amor, por lo fuerte de este amor", porque, claro, ¿yo por qué iba a merecer tanto amor? Y heme aquí, pasmada lo que sigue y sin poder comunicar tantas y tantas cosas de las miles que pasan por mi cabeza. Literal.


VIDEO: Que para estar en la misma sintonía, no sino comunicar. De trivialidades, todas, pero de adentro, ¿cómo sacar lo de adentro? ¿Cómo poner palabras a tantas sensaciones que desconocíamos? Por lo menos yo, analfabeta emocional me declaro.