martes, julio 14, 2015

Declaración


Una de las primeras noches de diciembre de 2013 asistí a un convite, el cumpleaños de Carlos. Ahí cruzamos por primera vez camino, por decirlo de alguna forma: en realidad ya nos habíamos visto en Facebook, justo porque Carlos consideró buena idea que nos conociéramos. Que nos conociéramos y que folláramos un poquito, tal vez. Cuando vi tu perfil en Facebook debo confesar que me parecieron un tanto pretenciosas las publicaciones que pude ver. Y, sin conocerte, esa foto de perfil no la hubiera entendido, como no la entendí: de alguna manera mostraba toda esa aparente seriedad que sí, puede dejar consternado a cualquiera, incluida a mí misma, y helado como piedra.

Y te gusté, dices. Desde entonces. Aunque haya dicho que no quería conocerte, porque sí, lo dije con todas sus letras: por aquellos tiempos lo acababa de dejar con un alguien demasiado pretencioso, con demasiadas aspiraciones intelectuales, por decirlo de otra forma, de manera que no había forma que me pudiera decantar en ese momento por algo que me resultara medianamente parecido.

Se ve que de una o de otra, pero de una y de otra íbamos a encontrarnos. Por lo menos así lo veo. Si ya decía yo que me había puesto demasiado feliz el día que me dijiste que lo habías dejado con tu chica. Porque sí que me puse feliz. Y quizá no lo entendías, pero había una razón para ir lento. No lo entendiste, pero seguiste caminando así, muy despacio. Y lento era muy importante.

Todo gracias a Carlos, por cierto.

SPLASH: Con la dislexia en su máxima expresión –no saben lo que me he tardado corrigiendo este texto hoy–, les digo, les comento que lo estaba pasando de la verga el diciembre arriba mencionado. No cabe duda que la vida me dio un par de arponazos de realidad ese año. No hubo subidón, sino por ahí unas cuantas luces para encontrarme. Cómo te celebro. Y quiero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

“Me encuentras tarde…”, dijiste –me dijiste- aquella noche, mientras esbozabas esa sonrisa tan tuya de esfinge, de gato de Cheshire. Toda buena historia comienza con un enigma.

No estoy por resolver un misterio. Edipo lo hizo, la esfinge se lanzó a las rocas, y, por culpa, el tebano se hizo la vida difícil, y a nosotros heredó un problema a resolver en terapia. ¿Y si éste "tocado de los dioses", en vez de hacerse el duro, le hubiese invitado a la bella y terrible esfinge a un café y a bailar?

¿Sabes qué habría pasado? Seguro, lo que me pasó a mí: un día, se le habría escapado de la boca un “te quiero”, que correría loca y felizmente en torno a la criatura mitológica, para volver a la boca y acurrucarse, nuevamente, dejando un sabor a dulzura.

Recuerdo esa primera vez que te vi, sí, pero la segunda fue mejor. Me preguntabas cosas sobre Carlos –hasta entonces, lo único que teníamos en común-, mientras hacías malabares con ese infante terrible en cuerpo de cuarentón. Y fue en el entre de ese vaivén de conversar conmigo y jugar a las coleadas con Carlos, que, así de cerca, pude verte, oírte, incluso olerte, de a poco, pero lo necesario para saber que me gustaba estar cerca de ti.

Una invitación al cine, una comida, un que me entraras a la memoria en imágenes de gentileza y gracia. Un querer(te) que se iba haciendo –y que ahora sé que íbamos, juntos, haciendo- cada vez mas claro.

Tomarse el tiempo, como hacen los genios de las cocinas, para que el plato sea una obra que dé al paladar la sensación de que se ha vivido para llegar a ese encuentro. Y sí, la analogía para hacerte saber que tu voluntad de belleza me cautiva, que la serenidad que imprimes a nuestros encuentros me permiten dar cuenta de tu gracia, de esos movimientos estudiados, que cada gesto tuyo expresa, que soy tu lector cautivo, Mariana querida.

El misterio pide tiempo y cuidado. No hay misterio que se revele con violencia, pues ante ella, no tiene sentido su existencia y deja de ser. No es algo para ser apropiado. Si algo entiendo, éste sólo puede donarse a sí mismo a aquél que se toma el tiempo, el cuidado, para quererle. Y yo te quiero, Mariana, y te celebro.

mariana m* dijo...

Y yo me rindo a tus pies. ¡Qué arte el tuyo, joder!!!