lunes, junio 29, 2015

antes/después/luego

Triste, pero cierto: una vez que aprendes a reconocer el estrés, la vida te cambia. Te empieza a ir bien respirar cuando casi dejas de hacerlo; entonces es el principio del fin, porque si estás bajo tremendo estrés es porque estás en serios problemas. Y es que yo entendería que una vez identificada, habría que cortar de tajo con la fuente. La vida ya te cambió, te conoces mejor y decides domar al monstruo de oficina en que te has convertido, pero hay algo jodido debajo de todo eso. La puta fuente del estrés generalmente es la mano que te da de comer, claro, te da, pero te quita y luego tú encuentras la manera de que no te quite tan bestialmente: compensas, pero unos metros más abajo de tu problema, está el problema de toda una sociedad y de todo un mundo. Y nadie lo frena y todos seguimos como loquitos girando al rededor de esa cosa llamada dinero.

Si a esto le sumamos que hay entes "amistosos" que te amenazan con ir a marcar territorio a tu entorno laboral... vaya que jodidos estamos. La fuente del estrés palidece ante esa otra fuente de estrés que, como la humedad, se metió en tu casa y ni cuenta te diste por qué.

***

Con los días dejé de limpiar la casa, de pintarme las uñas. Unas cosas no iban tan mal, pero otras estaban dando cuenta de que algo se me había muerto por dentro. Sonará a lo más exagerado de este mundo, pero hay personas que te arrancan algunas de esas tantas ilusiones que guardas por ahí, debajo del colchón, detrás de la puerta, en un cajón profundo, para cuando necesitas darles una calada de aliento contra todo ese bajón que ya experimentas en tu día a día. Se las llevan, insisto, y no te avisan, a menos de que las descubras in fraganti, como a la niña pequeña que se unta tus cremas de noche, de día, sin preguntarte si podía, si debía. Así hay gente, así hay adultos, que siguen como en la infancia y van y lo revuelven todo y se besan con un total desconocido en plena fiesta a la que acuden con acompañante por el puro gusto de honrar no sé qué extraño culto de autosabojate y autodestrucción pura y dura. O algo.

***

Respiro. Camino y respiro. Dejo de apretar los dientes casi sin darme cuenta. Hay calma, paz. Suelto, abro la mano, dejo ir. Y camino bajo la lluvia que es más bien brisa. Después hay una comida, luego carretera, un camino, una casa, árboles, ¿bosque? No sé. No parece importarme. Mientras haya y se pueda. Y siento que hay y se puede.


CINE: En un universo paralelo las cosas hubieran sido bien diferentes, pero, como no dice Maria Daniela, el hubiera no existe, ya lo he citado antes. Pero qué ganas de ir a ese cine de las sábanas blancas, diría Manolo García. Y ahí, nos vamos.

No hay comentarios.: