lunes, mayo 11, 2015

Desaguisados



"Historia de una niña"

Alguna vez fui una niña caprichosa, berrinchuda, egoísta, manipuladora, insegura: un manojo de hormonas e impulsos. Tenía por ahí de 24 inviernitos. Una pesadilla pura. Y lloraba y lloraba, porque no podía parar, no tenía límites. Caía en mis propios precipicios o bajaba estrepitosa en plena pendiente como bola de boliche a punto de hacer una chuza emocional con quien se le pusiera en frente. Tenía en mi mesa demasiadas cosas que no sabía ni podía acomodar. Y la historia fue así por –por lo menos–, los siguientes 10 años. Por lo menos. 

Tan no sabía cómo remediar mi mal, que crucé un océano: no tenía ni puta idea de cómo arreglar las cosas que fui deshaciendo, pero en el fondo de mi corazón entendía que debía poner una importante distancia con esa maraña gigantesca de sinsentidos y pérdida. Distancia para tomar un poco de perspectiva. Aún así, tardé mucho más tiempo en comprender tantas y tantas cosas. Y entonces me detuve, por algún tiempo, a reflexionar. Y ya no soy del todo esa niña. 

"Bocazas"

Hará algún tiempo, tuve un algo con un alguien muy especial, pero en situación difícil, es decir, cazado. O lo que sigue. Lo de menos en este relato es el qué con ese alguien muy especial, con quien las cosas terminaron por miles de razones y motivos, pero siempre estuve segura de que un alguien bastante poco especial abrió de más la boca y metió presión y ruido donde no era necesario.

Ahora que lo pienso, ese alguien poco especial no era una persona digna de confianza: cuando reanudamos el contacto, él recién había terminado con una chica y estaba francamente ardido. Si bien entraron en crisis porque él puso cuernos, ya que habían terminado y que ella se había puesto con otro, él estaba lo que sigue de celoso, por lo que decidió que lo mejor era enrollarse casi con la primera que se le pusiera enfrente –a mí me echó los tejos, pero yo argumenté tener un algo con un alguien  muy especial–, así que él se puso con una chavita a la que embarazó ni al mes y medio de salir, según recuerdo, con la que se tuvo que casar y, ahora que acaba de hacerla madre, no le puede cumplir como marido en toda regla porque se quedó sin trabajo.

Fue su búsqueda de curro lo que lo llevó a preguntarme si sabía de algo, así que antepuse un intercambio de preguntas para ver si colaboraba en su causa. Y fui directa: "¿por qué le contaste al mejor amigo de un alguien muy especial que yo te dije que salíamos y que me dejó plantada?", a lo que el imbécil me contestó que estaban entrados en tragos y que se le salió, pero que en realidad estaba ardido porque un alguien muy especial lo había borrado del Facebook. Pobre pendejo. Su ego, una vez más, lo llevaba a cagarla grande, y pensó que yo no era lo suficientemente lista como para atar cabos.

Cabe destacar que un alguien muy especial nunca dijo nombres, cuando me preguntó sobre el hecho de que yo aseguraba que salíamos y que me dejó plantada, y que tanto él como ese alguien poco especial coincidieron en la carrera, donde, al parecer, ese alguien poco especial comenzaba a odiarlo, porque a mí me habló malísimo de un alguien muy especial, sapos y culebras salieron de su boca cuando se mencionó su nombre. En fin. Es un rajón de mierda de toda la vida, qué se puede esperar.

Como, hasta eso, respondió satisfactoriamente a mi pregunta, le voy a mandar las vacantes que hay en la PGR o en el Semefo, lugares dignos de él.

GRADUACIÓN: A los 18, un ramillete de caprichos. Los caprichos de la caprichornio, dirían. Como sea, me pareció graciosa la fotico. Vaya tiempos. Fuimos chavos. Y gracias a un clavado en el baúl de los recuerdos, salió esta foto que me tomó mi papá.

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