martes, mayo 26, 2015

Días de cristal


¿Cuál es tu forma de mirar hacia abajo y no sentir vértigo? Como cuando te topas gente que conoces, pero no le hablas, porque no te interesan. Gente de tu misma ciudad, que te cruzaste en otro continente,  quizá, y que alguna vez pasó por tu viejo departamento de adolescente y despotricó contra esa que ahora carga a una niña pequeña, esa que va acompañada por él y otros dos a comer carnitas cocinadas por un gringo. Gente hijaputa que te saluda como si fuera amiga tuya, de toda la vida, como si le diera gusto verte, pero nada más quiere joder, chingar. ¿Qué harías exactamente para evitar esa sudoración de más, esa mueca desencajada en tu cara que en silencio dice "vayan y chinguen a su reputísima madre"? ¿Cómo saldrías al paso? ¿Cómo saltarías este charco? La respuesta es mucha Vitamina B para lidiar con la mandíbula batiente. Mucha. 

HIEDRA: Ser correspondida en el amor y que lo que parece muerto pueda resucitar, dos incongruencias escuchadas en una letra de una canción de La Habitación Roja, mi soundtrack de los últimos tiempos. Porque #YOLO y porque ando claramente de Loopita.

viernes, mayo 22, 2015

Días de exes voladores

El pasado, a veces, se hace presente de distintas formas. En mi caso, cabe destacar, me pone de los nervios sólo por la falta de costumbre. Al fin y al cabo el pasado está ahí, lejos, en otra época, en otros tiempos. Pero hablo de un pasado muy pasado que, de tan pasado, necesitas verlo, porque la verdadera relación es ahora con un recuerdo añejo, inexistente, intocable, irreal, si eso.

Así que es así: el pasado importa. Lo recordamos, quizá, más de lo necesario. Algunas veces volvemos a él. Lo buscamos. Otras, lo observamos de lejos, lidiamos con él, nos acompaña, pero es inofensivo. Muchas cosas es para cada uno de nosotros el pasado. Muchas.

Sé que el mío me pone de los nervios. Muy probablemente porque lo extraño. Si no como la forma que tuvo, sí como una sola parte: un día perdí a mi mejor amigo y no lo recuperé jamas. Y no saben cómo extraño a ese amigo, porque creo que éramos mejores amigos que amantes. Aunque lo amé con locura, lo dejé como eso, pero lo extraño como un importante pilar, como fortaleza, como aliento. Y da igual que chille todo lo que quiera, porque nunca estará. Y vaya buen amigo.

Como sea, rememoro porque hubo un acercamiento con la carne de su carne. Gracioso que estuviera tan cerca, aunque la madre se empeñara en llevársela lejos. Lo normal, supongo. Lo que tiene vivir en la Narvarte y tener lugares tan guays, como dirían. Lo que tiene esa parte de tenerse que encontrar con el pasado.

Este pasado es un pasado. Porque hay otro pasado, el reciente, también está muy lejos. Pero creería que hay quien no quiere enterarse. Y lo sufre y le duele. Yo, amablemente, le recomendaría dejar de sufrir y disfrutar su vida en pleno: yo estoy muy lejos de esa parte y la vida es demasiado corta como para sufrir en el camino mi existencia. Si yo ni estoy ahí.




MIRROW: Como espejitos, nos vamos reflejando. Malo cuando encontramos a alguien que nos re caga la madre por naca, fea, ridícula, mojigata y mosca muerta. Es aquí cuando recuerdo el "moscamuertismo" y me vomito casi encima de ello. Lo malo, lo tengo en el trabajo. Demasiado cerca para mi gusto. Pero hay de todo en la puñetera viña del señor, ¿no?

martes, mayo 19, 2015

Los dolores del cuerpo


En alguna parte están un montón de trazos y disparos. De letras y bordados. En alguna parte.

1) Charlaba, hace no mucho, conmigo misma de cómo es que hay montones de personas que no nos hacen falta –a mí y a todas las Marianas que habitan este cuerpo–; gente de la cual podemos prescindir por el puro gusto de no tener por qué perder el valioso tiempo con alguien anodino o molesto o idiota o insoportable. Y no tienes ni que informárselos. Ni ellos lo saben ni yo tengo que pasar por un lugar incómodo. Seguramente, a más de la mitad de esa masa, no le importa ni un pepino lo que yo pienso.

2) El sábado me fui de fiesta. Hice una fiesta profunda. Me olvidé de las partes del cuerpo que me duelen porque tengo que estar 9 horas de lunes a jueves, y cinco los viernes, en una oficina. Alguna vez, hace no mucho tiempo, pensé que lavar muertos sería mucho más llevadero que tener que permanecer todo ese tiempo en el mismo lugar, por tan poca plata. Pero mi contacto nunca me contestó al teléfono.

CALLE: De la Narvarte Oriente y en un punto en el que se está hipsterizando lo más. Oh, mi coloña, oh, se volverá otro de los corazones hipsters de la ciudad. Le doy 5 años para tumbarle a la Roma todos los créditos.  

martes, mayo 12, 2015

La levedad no tiene nombre


Supongo, y debo suponer bien, que a nadie le encanta mojarse con la lluvia. Por lo menos a mí no. Pon tú que sea porque llevo gafas y, en mí entender, aquel que use gafas no va a encontrar divertido que su campo de visión se vea nublado por gotitas o gotones. No. Me caga. Pero como sólo era lluvia a la que me encontré al salir de la oficina, decidí caminarla y llevarme así a casa. La ropa no se iba a dañar, los zapatos gracias a dios eran unos Melissa de plástico puro, al bolso lo podía meter en la bolsa que de emergencia llevo para la compra. No había una pérdida evidente, más que de mi tiempo si me quedaba a guarecerme de la tormenta en la recepción de mi trabajo.

Cabe destacar que todo lo anterior no hubiera sucedido si el viernes por la noche no me hubiera dejado el paraguas en el restaurante a donde fui a cenar –al cual marqué ayer que me percaté del olvido y, ¡por supuesto!, era tan hermoso que nadie me lo iba a devolver–, pero bien lo sabemos: el hubiera no existe y las apariencias engañan (Maria Daniela dixit).

Debo confesar que el trayecto a casa bajo la lluvia fue divertido. En algún momento –sobre Torres Adalid a la altura de Nicolás San Juan, ya en la Narvarte– me quité las gafas y, gracias a las luces de las farolas del alumbrado público, veía a las gotecitas caerme encima. Hasta me sentí como en la playa de frente al mar en medio de un aguacero, salvo por el frío cabrón que, poquito, pero calaba. Y es que, alguna vez, me tocó mojarme por una intempestiva lluvia que me cayó en pleno Veracruz, la cual me maravilló porque era tibia. 

Así las cosas en la viña del señor, donde la gente se encuentra cuando se tiene que encontrar.

CHICA: Quizá no, quizá el amor no nos salve. Sólo uno mismo se salva. De uno y de los otros. Bonita práctica, no la echéis en saco roto, amigues.

lunes, mayo 11, 2015

Desaguisados



"Historia de una niña"

Alguna vez fui una niña caprichosa, berrinchuda, egoísta, manipuladora, insegura: un manojo de hormonas e impulsos. Tenía por ahí de 24 inviernitos. Una pesadilla pura. Y lloraba y lloraba, porque no podía parar, no tenía límites. Caía en mis propios precipicios o bajaba estrepitosa en plena pendiente como bola de boliche a punto de hacer una chuza emocional con quien se le pusiera en frente. Tenía en mi mesa demasiadas cosas que no sabía ni podía acomodar. Y la historia fue así por –por lo menos–, los siguientes 10 años. Por lo menos. 

Tan no sabía cómo remediar mi mal, que crucé un océano: no tenía ni puta idea de cómo arreglar las cosas que fui deshaciendo, pero en el fondo de mi corazón entendía que debía poner una importante distancia con esa maraña gigantesca de sinsentidos y pérdida. Distancia para tomar un poco de perspectiva. Aún así, tardé mucho más tiempo en comprender tantas y tantas cosas. Y entonces me detuve, por algún tiempo, a reflexionar. Y ya no soy del todo esa niña. 

"Bocazas"

Hará algún tiempo, tuve un algo con un alguien muy especial, pero en situación difícil, es decir, cazado. O lo que sigue. Lo de menos en este relato es el qué con ese alguien muy especial, con quien las cosas terminaron por miles de razones y motivos, pero siempre estuve segura de que un alguien bastante poco especial abrió de más la boca y metió presión y ruido donde no era necesario.

Ahora que lo pienso, ese alguien poco especial no era una persona digna de confianza: cuando reanudamos el contacto, él recién había terminado con una chica y estaba francamente ardido. Si bien entraron en crisis porque él puso cuernos, ya que habían terminado y que ella se había puesto con otro, él estaba lo que sigue de celoso, por lo que decidió que lo mejor era enrollarse casi con la primera que se le pusiera enfrente –a mí me echó los tejos, pero yo argumenté tener un algo con un alguien  muy especial–, así que él se puso con una chavita a la que embarazó ni al mes y medio de salir, según recuerdo, con la que se tuvo que casar y, ahora que acaba de hacerla madre, no le puede cumplir como marido en toda regla porque se quedó sin trabajo.

Fue su búsqueda de curro lo que lo llevó a preguntarme si sabía de algo, así que antepuse un intercambio de preguntas para ver si colaboraba en su causa. Y fui directa: "¿por qué le contaste al mejor amigo de un alguien muy especial que yo te dije que salíamos y que me dejó plantada?", a lo que el imbécil me contestó que estaban entrados en tragos y que se le salió, pero que en realidad estaba ardido porque un alguien muy especial lo había borrado del Facebook. Pobre pendejo. Su ego, una vez más, lo llevaba a cagarla grande, y pensó que yo no era lo suficientemente lista como para atar cabos.

Cabe destacar que un alguien muy especial nunca dijo nombres, cuando me preguntó sobre el hecho de que yo aseguraba que salíamos y que me dejó plantada, y que tanto él como ese alguien poco especial coincidieron en la carrera, donde, al parecer, ese alguien poco especial comenzaba a odiarlo, porque a mí me habló malísimo de un alguien muy especial, sapos y culebras salieron de su boca cuando se mencionó su nombre. En fin. Es un rajón de mierda de toda la vida, qué se puede esperar.

Como, hasta eso, respondió satisfactoriamente a mi pregunta, le voy a mandar las vacantes que hay en la PGR o en el Semefo, lugares dignos de él.

GRADUACIÓN: A los 18, un ramillete de caprichos. Los caprichos de la caprichornio, dirían. Como sea, me pareció graciosa la fotico. Vaya tiempos. Fuimos chavos. Y gracias a un clavado en el baúl de los recuerdos, salió esta foto que me tomó mi papá.

jueves, mayo 07, 2015

El viaje

"El viaje, el viaje está donde tú quieras. Yo, a veces, quiero ser viaje", publiqué en Twitter. "¿El viaje de quién?", pensé. Como si hubiera el quién, los deseos del quién.

Me gusta saber que una de las características que tendría el quien, si hubiera, es que se procure y asista a terapia.

Porque si bien no hay un afrodisiaco más sutil y despiadado como lo es el intelecto, eso, justamente el intelecto, no representaría el subidón que representa si no fuera porque va acompañado de un cuidado y tratado emocional. Que, como dicen, ahí están en pie de guerra todos esos traumas de la infancia traicionándonos.

Fue cosa de recorrer 400 kilómetros y pico lejos de casa: así que fui y acomodé. Quizá a base de repeticiones que a nadie le interesan, pero acomodé, cerré el círculo y dejé el vicio de empezar de nuevo.

VIATGE: Que nunca pare. Que nunca cese. Que no se acabe la capacidad de sorprenderse tanto y demasiado como lo necesitaba tu alma medio muerta. Ser "Godi" mata el alma y la envenena, es lo nuevo de cierto. Así que la fuga, es la paz.