lunes, marzo 23, 2015

Sorpresas



Una de las pocas certezas de los últimos tiempos es que, básicamente, amo estar sola. Quizá suene raro o los lleve a pensar que soy una soltera empedernida, que me cuesta trabajo relacionarme y rehuyo al compromiso, todo al mismo tiempo o ninguna de todas las opciones dadas. 

Me gusta pensar, como bien me dijo hace no mucho un amigo, que soy de esas personas que saben estar solas y que no tienen empacho en pasar días enteros por su cuenta y sólo con el placer de estar con uno mismo, pero regresan gustosos al disfrute del contacto con los demás. Y, en realidad, para mí desde hace mucho tiempo es así. Después de la ruptura con un cierto alguien, hará por ahí del 2007, la cual definitivamente me marcó, las cosas fueron así y comencé a estar muy sola. Primero sí que fue muy sola de soledad. La más fría soledad: estaba rodeada de gente, de nuevos vínculos, de vínculos pasajeros, pero yo sólo quería que las cosas fueran como antes, como cuando era novia de ese cierto alguien que, por cierto, se llama Tomás. Luego, bueno, no tan luego, todo se volvió a acomodar. Mejor dicho, todo se volvió a iluminar y no sólo de esa luz que siempre he llevado dentro, sino de otras luces que me han dejado ver cosas que me han permitido ir más ligera, con mucha paz.

Y, para deber lo que debo, voy muy tranquila gracias a esa paz.

Quizá sea fácil entrever que esto va unido en gran medida a mi cansona perorata en torno a que en mi vida, ni de broma, doy cabida al chantaje y manipulación de otros sobre mí; o quizá no, pero que sepan que van más que juntas con pegadas. 

El chantaje y la manipulación son dos de las cosas que más me ha costado aprender a identificar en esta puta vida, pero ya no se los aseguro, se los juro por la virgen que los veo, huelo y descifro bastante bien. Y ya desde hace tiempo veto a las personas que me lo han aplicado y/o lo intentaron con o sin conciencia de que lo estuvieran haciendo. Punto pelota. Esto va unido a los maltratadores psicológicos, esos que le hacen al acoso moral en la vida cotidiana y/o laboral. Siento mucho si esto los ofende.

Y como en mi vida mando yo...

PIN: Eso es lo que te da la vida a veces. Te sale con la novedad de que al otro no le parece que la gente, más que andar sola, sea independiente y no necesariamente necesite de y a los otros para vivir. Yo sí que los quiero y los extraño, pero puedo vivir sin ustedes sin ningún problema, que ya me encargo yo de mí. Gracias.

No hay comentarios.: