martes, marzo 24, 2015

Cambios



¿Nos gustan los cambios? No. Yo digo que no. Tú, ¿qué dices? ¿Te gusta que te cambien de lugar el mueble? Y estoy hablando de un simple mueble. Imagínate cambiar de trabajo o perder a un marido o tener una panza enorme de embarazo o romperte una pierna. ¡Imagínatelo! ¿Me escuchas? ¿Me sigues? ¿Estás todavía ahí? Yo ya no te veo. Seguro ya te cambiaste de lugar y nunca me di cuenta. Quizá la llamada de la semana pasada que no contesté era para informarme puntual de esos últimos cambios. Pero no contesté. Porque estaba en el baño. Bebo demasiada agua durante el día, me la paso yendo al baño. Y no contesté. Si era realmente importante intentarías más tarde. Y no ocurrió. Entonces no era importante. Era más importante ir al baño. Me gustan los cambios. Estos de ahora. Está emoción como de adolescente. De adolescente que planea mal todo. Porque la estrategia es la clave. Y un adolescente actúa con las tripas. Como caballo desbocado. O un manojo de hormonas. Impulsivos. Yo digo, ¿no crees? ¿Crees o no crees? ¿Ves? Te sigo escuchando por ahí, nomás que no te veo.

DOPPEL: Como en The one I love, una joyita de esas perdidas y maravillosas, de un tal Charlie McDowell; algo muy parecido me ocurrió con Frank, algo así como una inquietante cosa divina. Ambas, ampliamente recomendables. Y, bueno, a seguir barriendo la casa.

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