martes, marzo 24, 2015

Cambios



¿Nos gustan los cambios? No. Yo digo que no. Tú, ¿qué dices? ¿Te gusta que te cambien de lugar el mueble? Y estoy hablando de un simple mueble. Imagínate cambiar de trabajo o perder a un marido o tener una panza enorme de embarazo o romperte una pierna. ¡Imagínatelo! ¿Me escuchas? ¿Me sigues? ¿Estás todavía ahí? Yo ya no te veo. Seguro ya te cambiaste de lugar y nunca me di cuenta. Quizá la llamada de la semana pasada que no contesté era para informarme puntual de esos últimos cambios. Pero no contesté. Porque estaba en el baño. Bebo demasiada agua durante el día, me la paso yendo al baño. Y no contesté. Si era realmente importante intentarías más tarde. Y no ocurrió. Entonces no era importante. Era más importante ir al baño. Me gustan los cambios. Estos de ahora. Está emoción como de adolescente. De adolescente que planea mal todo. Porque la estrategia es la clave. Y un adolescente actúa con las tripas. Como caballo desbocado. O un manojo de hormonas. Impulsivos. Yo digo, ¿no crees? ¿Crees o no crees? ¿Ves? Te sigo escuchando por ahí, nomás que no te veo.

DOPPEL: Como en The one I love, una joyita de esas perdidas y maravillosas, de un tal Charlie McDowell; algo muy parecido me ocurrió con Frank, algo así como una inquietante cosa divina. Ambas, ampliamente recomendables. Y, bueno, a seguir barriendo la casa.

lunes, marzo 23, 2015

Sorpresas



Una de las pocas certezas de los últimos tiempos es que, básicamente, amo estar sola. Quizá suene raro o los lleve a pensar que soy una soltera empedernida, que me cuesta trabajo relacionarme y rehuyo al compromiso, todo al mismo tiempo o ninguna de todas las opciones dadas. 

Me gusta pensar, como bien me dijo hace no mucho un amigo, que soy de esas personas que saben estar solas y que no tienen empacho en pasar días enteros por su cuenta y sólo con el placer de estar con uno mismo, pero regresan gustosos al disfrute del contacto con los demás. Y, en realidad, para mí desde hace mucho tiempo es así. Después de la ruptura con un cierto alguien, hará por ahí del 2007, la cual definitivamente me marcó, las cosas fueron así y comencé a estar muy sola. Primero sí que fue muy sola de soledad. La más fría soledad: estaba rodeada de gente, de nuevos vínculos, de vínculos pasajeros, pero yo sólo quería que las cosas fueran como antes, como cuando era novia de ese cierto alguien que, por cierto, se llama Tomás. Luego, bueno, no tan luego, todo se volvió a acomodar. Mejor dicho, todo se volvió a iluminar y no sólo de esa luz que siempre he llevado dentro, sino de otras luces que me han dejado ver cosas que me han permitido ir más ligera, con mucha paz.

Y, para deber lo que debo, voy muy tranquila gracias a esa paz.

Quizá sea fácil entrever que esto va unido en gran medida a mi cansona perorata en torno a que en mi vida, ni de broma, doy cabida al chantaje y manipulación de otros sobre mí; o quizá no, pero que sepan que van más que juntas con pegadas. 

El chantaje y la manipulación son dos de las cosas que más me ha costado aprender a identificar en esta puta vida, pero ya no se los aseguro, se los juro por la virgen que los veo, huelo y descifro bastante bien. Y ya desde hace tiempo veto a las personas que me lo han aplicado y/o lo intentaron con o sin conciencia de que lo estuvieran haciendo. Punto pelota. Esto va unido a los maltratadores psicológicos, esos que le hacen al acoso moral en la vida cotidiana y/o laboral. Siento mucho si esto los ofende.

Y como en mi vida mando yo...

PIN: Eso es lo que te da la vida a veces. Te sale con la novedad de que al otro no le parece que la gente, más que andar sola, sea independiente y no necesariamente necesite de y a los otros para vivir. Yo sí que los quiero y los extraño, pero puedo vivir sin ustedes sin ningún problema, que ya me encargo yo de mí. Gracias.

martes, marzo 10, 2015

Críptico



Entré a la sucursal. Me senté en una de las tres sillas que, en medio del local, hacían de sala de espera para los clientes. Fue en la de en medio, entre una señora gorda de mediana edad y una señora gorda que bordeaba los 60. Frente a mí el ejecutivo de cuenta y el director de ese pedazo del Banco Santander en el Distrito Federal. Odié un poco a este último: daba clics, tecleaba, respondía a su celular. Todo eso mientras el cliente en turno navegaba en su propio aparato de telefonía móvil. Tuve a bien preguntar a las dos gordas con quién iban. Gracias a dios no era con mi hombre: el idiota director de la sucursal. Y digo idiota porque en una experiencia anterior, el tipo me mandó a usar la línea de ayuda Santander antes que atenderme. "Tengo que hacer un trabajo que me pidieron para hoy, así que no la puedo ayudar", me había dicho en nuestro anterior encuentro. Rogaba para mis adentros porque esta nueva reunión fuera mucho más amable que la última. "Y yo sin ganas de estar aquí", pensaba. "Pero prefiero estar aquí que en la oficina", añadí a la retahíla de pensamientos que pasaban por mi cabeza a mil por hora. Hecho el balance, dejé de fruncir el ceño. Relajaba el gesto al tiempo que reparaba más en el trajinar de la gente en el exterior, que en el hombrecillo imberbe que estaba por atenderme.

Y ya eso lo dice todo. Todo.

RELLANO: De mi corazón. Voy a extrañar mucho este portal el día que me vaya. Que la verdad es que le tengo mucho aprecio. Hoy, a pesar de todo, me tracé con un arte la línea del delineador. Lo sellé a la perfección con el polvo de arroz. Estoy tan contenta por eso. Juar.


martes, marzo 03, 2015

Persona


Una persona medianamente contenta. Que ama ir al cine sola. Y comer toneladas de palomitas. Que a veces cree en el karma. Pero que busca entenderlo todo desde el raciocinio. Que entiende de proteínas, hidratos de carbono e insulina y acto seguido engulle de golpe 6 dulces árabes. Que cree sólo si toca la herida fresca. Y a veces sueña con el pasado.

La cuestión en revolver en viejos personajes es que están ligados en algunos sentidos a la posible explicación de por qué también es una persona que no sabe por qué huye. Todavía.


CNVRS: Sus favoritos. Y no han sido estos los que cruzaron un océano hace casi 10 años. Sin embargo se piensa que la definen. Desde entonces se piensa eso. Se cree que los seguirá vistiendo por mucho, mucho tiempo más. Todo el tiempo, que van muy bien con sus tatuajes.