lunes, febrero 09, 2015

La mentira, la verdad no dicha


Miento. Tanto o más que el resto de las personas. Miento aquí, miento allá. Pongo dientes a la dentadura más imperfecta, esa donde hasta sólo hace unos segundos no había sino unas rosadas encías algo hinchadas sin más. Camino el mundo, cuando en realidad estuve sentada en una oficina haciéndome vieja. Pinto bosques y recojo sus frutos para la cena. Y ahí se me iría la vida enumerando las mentiras o verdades no dichas. 

Dicen que en promedio cualquier ser humano miente hasta 5 y 10 veces en una conversación cualquiera. Y supongo que con muchas mentiras o verdades no dichas es que construimos relaciones, trayectorias, mitos. Pero a mí me dan igual las relaciones de los demás, sus trayectorias y sus mitos. 

Por regla propia, por creencia personal, no mentiría tanto cuando quiero construir un vínculo. No tanto. Sólo lo indispensable. En este tipo de casos, en lugar de mentir prefiero no decir la verdad, a menos que sea cuestión de vida o muerte. 

Así que, como verán, no soy fan de las mentiras, de los engaños, la injusticia o la crueldad. Pero bien sé que somos los más felices cuando no es de nuestro conocimiento algo que nos lastimaría muchísimo. 

Y hoy, de este lado del mundo, la cuestión es: no evites decir la verdad si luego, porque es inevitable a veces, va a ir a golpear a esa persona que intentabas proteger (¿de qué?, no sé), y el golpe, deja tú que la hunda en lo más profundo de sus cavernas, la herida sólo hará que corra de ti para salvar su vida y agradezca entonces que te quedas muy atrás.

FINITO: Porque infinito, no. Hace no mucho perdí uno de mis aretes favoritos de los últimos tiempos. Y no lo voy a tomar como augurio, no. Pero, ¡ah, jijo!, sí que duele.

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