miércoles, enero 14, 2015

Hola 2015


Recién decidí probar mi suerte Android, así que por no pagarle a Telcel un iPhone 5 pa'rriba, acepté un Samsung Grand Prime y no estoy contenta. El más grande de los defectos que le encontré a este sistema es la sincronización que hace de tus fotos, casi, casi que sin preguntarte, con el maldito Google+ de los cojones, de esa maldita empresa que ancla todos sus productos y te mete a la de "a huevo" un perfil que nadie quiere porque ya todos tienen Facebook, pero bueno, el caso es que sincroniza las fotos y sólo pude pensar en qué coños hacen mis fotos en la red cuando no quiero tenerlas así en la red, quiero bajarlas a mi computador y hacer un filtro, digo, no me avisan y ni tiempo de echarle tantita saliva. En fin. Que si soy de las que de vez en cuando sextea, ¿por qué me voy a querer encontrar esas fotos de sexting en la mierda de computador, digo, sobre todo para aquellos que permanecemos infinidad de horas en la oficina y queremos checar nuestro mail, donde clarito marca que hay notificaciones, así que clicas y, ¡tómala!, te encuentras con tus pinches tetas ahí, por todo lo alto, en la computadora del trabajo, frente a todos tus compañeros. Qué oso. Pero bueno, todo eso pensé.

Mucho gusto me dio saber que no soy la única que podría estar molesta con cacharros tipo Android. Por ahí del viernes de la semana pasada, cuando no pude sino sucumbir ante un tamalito verde, me hice hacia el puesto indicado a hacer fila. Ya ahí, me engancho sin chistar a la plática de las dos mujeres que llegaron justo detrás de mí: una le contaba a la otra como estaba muy feliz el otro día en su computadora haciendo cualquier cosa, cuando el perfil de Google+ de su marido le marca una notificación, va, se asoma y, ¡tómala barbón!, se la aparece de frente el marido con una otra mujer de su trabajo. Así que agarra, le marca a su lugar y le dicen que con la pena, pero que el susodicho ya se había ido hacía rato. La mujer aseguró que eso le dolió "hasta el apellido", pero que "no le aventaba las maletas a la calle" por su hijita que casi cumple los 18, así que se va a esperar. Yo, es que no hago un "sacrificio" de esos ni cagando leches ni en pedo ni drogas, pero cada quien. 

Voy a vender ese aparato.

CUATRO: Como dos libras no son nada, mejor cuatro. Amigos, amigas, me he hecho mayor. Ya tengo 38 años. Y vaya tela, como dicen.

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