lunes, octubre 06, 2014

Justo lo contrario

Amo tener tiempo para pintarme las uñas. Y, claro, tiempo para dejarlas secar. Cuando lo hago tarde, con prisa, con la premura del tiempo encima, del sueño, y amanecen todas marcadas por las cobijas, me acuerdo mucho de mi madre. ¿Cómo debió haber hecho para ir con las uñas bien pintadas con tres hijos pequeños a cuestas? Era mucho más joven que yo ahora y ya tenía tres hijos. Cómo lo hacía es algo que nunca voy a saber, porque nunca voy a tener tres hijos. Hay días que, con toda sinceridad, podría asegurar que no quiero tener ni un sólo vástago. Hay otros en los que, luego de haberme percatado de un retraso de apenas dos días, sonrío para mis adentros pensando en la emoción de ese gran viaje que es la maternidad. Fantaseo e imagino, que nada mal se me da. Entonces sé el nombre y apellido de mi descendencia, la manera en que la voy a educar, cómo voy a sufrir por mantenerla y darle todo lo que le tenga que dar, desde el pecho hasta la universidad. Y sonrío más para mis adentros, aunque la fantasía incluya noches en vela, preocupaciones y achaques. Porque eso es la vida, ¿no? Tirar pa'lante y hacerse al camino en cualquier gran aventura que toque empezar. Luego viene el sonido ese que hacen los discos rayados y que interrumpen la melodía angelical: me viene el periodo y aterrizo cayendo en la cuenta de lo imprudente que sería tener un hijo ahora, tal y como estoy. Tal y como estamos. Tal y como estaremos a este paso. Y viene el silencio.

Termino por convencerme de que lo mejor es justo lo contrario.

LEJOS: Si bien la foto no es mía, me gustó tanto, que decidí traerla hasta aquí, aunque venga de un lugar que está muy, muy lejos. Por ahora. 


2 comentarios:

SpIcE dijo...

yo creo que aunque un hijo te merma con tu estilo de vida desde viajes, compras, casa, rutina, caprichos egoistas, etc.. vale la pena intentarlo....

No tengas miedo y da el paso aunque vaya a ser solo tuyo creo que serias una excelente madre...

mariana m* dijo...

Eso quiero, no tener miedo ;)