lunes, septiembre 29, 2014

La tragicomedia nuestra de cada día




Tanto que contar y tan poco tiempo para pasarme por aquí. 

La cosa es que a pesar de ser, muchas más de lo que me gustaría, una tragicomedia andante, las cosas me están yendo fenomenal. Tampoco es que me voy a dormir en mis laurelitos, tan hermosos ellos. Una, porque los que me conocen, saben ese dejo que tengo de Santa Tomasita, y pues hasta no ver, no creer; dos, porque me choca dármelas de muy chingona, vamos, que las cosas en su punto medio y todos muy en paz. Siempre que las cosas me van tan bien, que saboreo esa paz mental, ese equilibrio emocional, me espero lo peor. Pero es porque ya tengo el alma contaminada. Así que no me hagan mucho caso.

Voy a decirlo hoy por aquí, porque me siento tranquila, bien y feliz. Lo mejor, cosa que ya he venido pensando de un tiempo a esta parte, es que esa felicidad no proviene de nadie más que de mí: no hay amante por ahora, no hay historia de amor avasalladora, no hay promesas ni mano salvadora. Soy yo y me sabe muy bien.

Llegaré todavía más contenta a enero, cuando toque las puertas de los 38 y se abran. Entonces habré cumplido dos metas de oro que proyecté para este año –que ya sé que todavía no acaba, ya lo sé– y que fueron cambiar de curro, para alcanzar tranquilidad mental y emocional y, más que estar sola, no irme a enredar con personas tóxicas, pese a esa gran debilidad que tengo. Nunca antes practiqué tan bien eso de "más vale sola". 

Pero yo deseo y quiero. Sé a quien deseo, a quien quiero. Eso que ni qué.

FLICKS: De una tarde de otoño en esta gran ciudad. Esta chica de invierno se despidió del verano. Y se sonrió como nunca antes.

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