martes, agosto 12, 2014

Como los grandes

Todo puede tener cara de regocijo o desasosiego, pero ya no importa cómo sea la fachada de eso que esté en frente, porque soy yo la que elige si construye o no entorno al ello y varias son las opciones.

Vamos a ponerlo así: construir castillos en el aire es algo que voy a dejar en la década pasada.

Pongámoslo de otra forma: hay que hacer valer cada surco que pobla mi cara, cada cana que crece entre mis cabellos.

O, como dice mi hermana, vámonos de esta fiesta como los grandes. Y así va a ser. Qué raro será hacer las cosas como los adultos que se procuran, van a terapia, a yoga y buscan alcanzar su felicidad por cuenta propia. Como aquellos que, quizá, aún no se toman por completo en sus propias manos y se aman enteros, pero lo intentan con todas sus fuerzas.

***

Siempre he querido volver al Bellini's, el restaurante giratorio que está en lo alto del World Trade Center. Hace catorce años, mi tío me llevó para festejar su cumpleaños. 

Hoy pensé que no tengo por qué esperar a que me invite un alguien especial, como he venido fantaseando desde hace algún tiempo: me voy a invitar a cenar y voy a tener una velada íntima conmigo misma, si ya me lo paso tan bien conmigo. Vaya tela. Y no, no sé por qué se los estoy contando. Recién hoy se me ocurrió.

BLA: Ayer me moría de miedo de perder, de no encontrar, de estar sola. Hoy sólo sucumbí ante los encantos de la libertad y del poder de decidir cómo quieres que sean las cosas. Y yo no quiero pasármela chillando por pendejadas adolescentes por las que ya chillé enemil veces. ¡Oh! Va a ser que no. ¡Toma eso, vida! Si lloro, acaso, que sea de pura felicidad. Y vaya que hay muchita por acá, ahora.

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