miércoles, julio 30, 2014

Datos inservibles

De un tiempo a esta parte he canalizado a la madre de mis obsesiones el lavado de manos: cuento, algunas veces, e imagino, otras, que he pasado al menos 20 segundos enjabonando mis manecitas santas. 

Y a nadie le sirve eso. Ni siquiera a mí, ya que basta abrir la boca en la calle para terminar con un sin fin de mierda inimaginable entrando a mis lindos interiores, por ejemplo.

QUIERO: Con lo mucho que he avanzado en la terapia, hoy vuelvo a constatar que estoy atravesando una luminosa etapa. A la suerte la sé, pero a esta claridad, a este aprendizaje de los últimos tiempos, estoy aprendiendo a saberlo, a sentirlo. La vida es buena.

miércoles, julio 23, 2014

Vida de oficina

La vida de oficina puede matar a cualquiera. Digo, a cualquiera como yo, un alma rebelde y voluntariosa, como algunos han tenido a bien señalar. Y es que la vida de un Godínez cualquiera se rige por los horarios y las entregas, pero también por la procrastinación y la ingesta de calorías que, combinadas con la hora nalga –en el caso de que así sea–, ofrecen un redondo resultado, nada deseado y muy real al mismo tiempo.

Siempre he pensado que ser oficinista es lo más triste que le puede suceder a una persona. Habla mi alma de artista o princesa sin castillo, sí; pero también habla la lógica pura y dura: ¿a quién coño le va a gustar permanecer en un mismo espacio durante poco más de 8 horas, tiempo en el que permanecerás sentado el 95% del tiempo frente a un computador? A mí, está claro, no. Sin embargo, lo sobrellevo como el perro sobrelleva perseguir una salchicha: por la puta necesidad de comer y hacerme cargo de mí misma.

Eso sí: hay de empresas a empresas y, por lo menos la que me acoge ahora, me ofreció una serie de condiciones que me permiten sobrevivir a esas horas de encierro y labor. Una de ellas es que los viernes mi piro a las 14:00 horas y no hay dios que me haga quejar de tan bello acontecimiento. La otra es que, como justicia divina, este laburo me quitó el látigo de la Internet –esa hermosura que requiere de tu disponibilidad casi, casi que 24/7– y me permitirá descansar de ella como para quererla un poquito otra vez.

¡Ah! ¡La vida de oficina! Vaya cosa. 


TENCHA: La realidad, aunque maldiga la vida Godínez, es que aunque me está costando un huevo y medio permanecer tantas horas en el mismo lugar, de lunes a jueves, me ha caído como agua de mayo este cambio laboral y sus novísimos retos. Lo necesitaba desde hacía mucho tiempo. Renovarse o morir.

martes, julio 22, 2014

La guía definitiva para ser (un poco más) feliz



Busque la playa más cercana. Búsquela en compañía de su amante: lo necesitará desesperadamente. Fume un porro o dos, aunque quizá baste con un par de caladas. Vista poca ropa o casi nada, que está en la playa, coño. Y, sobre todo, déjese de pendejadas: ni el decorado más bello ni la más hermosa de las compañías le saldrá a cuenta si se sigue flagelando. Así que, deje de hacerse pendejo en la terapia –si es que por cojones ya se animo a tomarla–, déjese llevar de una puñetera vez. No tenemos las instrucciones para explicarle que es bien sabroso dejarse llevar, pero inténtelo, nada se pierde. Nada. 

Suelte. Déjese de tonterías: no busque grilletes gratuitos y mentales, porque todo, todo eso que ve sólo está en su imaginación.

PAR: No son ases, pero proveen de un bello #winwin que te cagas. Me encanta esos momentos en los que ni yo ni ellas les tememos a nada y sentimos el mundo gobernar. O algo.

jueves, julio 17, 2014

Empezar, que le dicen



Al principio de todos los principios, siempre soy tímida. Hay quienes dirán que no es así, que en todo caso sería temida. Pero no, me toma tiempo confiarme como para dejarme llevar y ser yo en toda la extensión de la palabra.

Eso me está pasando en mi nueva experiencia laboral. Un poco, sí, pero será cosa de unos días, quizá meses, no más.

En otras experiencias de mi vida, por llamarlo de alguna forma, ya no me pasa tanto. Es gracioso como ni con la edad deja de suceder lo que típicamente pasa en el principio de todos los principios. 

PINI: ¿Volver o no volver al flequillo? Si no me sintiera tan cómoda peinándome tan poco, volvería. 

viernes, julio 11, 2014

La cantidad de movimiento



Sólo quiero saber ésa, la hora en la que vuelves a pensar en mí. Y cuando vuelves a entrar en mí y me abres, te abres y todo se junta.

Cuando volveré a cruzarte, atravesarte entero.

Quiero, sin querer, entenderte y no perderme de tus recovecos, sino en ellos.

Desde el fondo lo deseaba. Te deseaba sin conocerte.

DULCES: Algo muy extraño sucede, no lo voy a negar. Algo que quizá nunca me había pasado.

miércoles, julio 09, 2014

De nuevo y diferente, la feliz felicidad

La visión: vestida de aves nada más. Y luego la realidad: oficina de 9 am a 7 pm, de lunes a viernes, más trabajo freelance.

La verdad: hoy me sentí en el cielo "godín", flotando entre nubes de colores y qué y qué. 

El hecho: tenía casi un año y algo así como seis meses que no era yo. Medio existía. Medio estaba. Incómoda transcurría como tiempo muerto. Y ahí estoy yo ahora transmitiéndome calma o sosiego. Puedo hacer eso por mí y más. 

La confesión: y también está ese alguien que me da una cierta paz, aunque luego venga como un loco a revolver en mis cabellos y carnes. 


TACHÚM: Que canten las aves. Hazlas cantar.

lunes, julio 07, 2014

Mariana Hache


La víspera a este lunes fue cruel y despiadada: temía, sin necesidad alguna, porque no sabía con qué me iba a topar en mi nueva chamba. Pero, hay que ser sinceros, no hubo sino camaradería y cosas buenas, a pesar de ser la nueva y de no tener ni puta idea de muchos de los procesos. La cosa irá.

Y si extraño no es por pasarlo mal: no me gusta decir que extraño, cuando todo va y fluye y crece o, simplemente, gana significados y caminos, extensiones, ríos y mares. Sólo hacen falta más puentes, todo el tiempo puentes para ir y venir y deambular de allá para acá y viceversa. Para encontrar aún más. A veces creo que es un sueño: necesito tocar, aunque sepa que es verdad. Hedonista, al fin.

FLICK: Con la blusa de topos a cuesta. El otro día enuncié que esta era la etapa más feliz que había vivido en muchísimo tiempo y sin antidepresivos. O que me sentía de puta madre, como cuando tomaba antidepresivos, pero ahora es que no los llevo ni de coña. Algo me está pasando que, si lloro, es sólo de pura felicidad pura. 

domingo, julio 06, 2014

Domingo "celestial"

A) "Parece que se están casando", espetó la señorita. Pero la estampa de firmas no era sino lo más parecido a un divorcio. Cuando se está de novia, que te regalen un celular puede parecer la cosa más romántica del universo, pero cuando terminas y lo haces inmersa en las peores circuntancias –el zafarrancho ése que lleva gritos, golpes, reclamos y mucho dolor–, arreglar hasta un cambio de propietario de una línea telefónica puede ser lo más parecido a un dolor en el trasero. Pero al fin han sucedido las cosas.

B) Es domingo –el primero que paso sola después de muchos domingos de compañías divinas y diversas–, que es preámbulo al nuevo episodio laboral, así que todo se torna raruno: siento la emoción, la cosquilla de todo lo bueno que vendrá, pero también el miedo porque no conozco eso que está por comenzar. Y si bien tiene su encanto y ya no sufro los comienzos como antaño, la incertidumbre es algo que no suelo manejar de lo mejor, aunque intento aligerar el trance. "Todo va a estar bien", me repito y me lo creo un poco.

C) No me acostumbro a la temporada de lluvias, a que el verano no sea verano sino esa tormenta torrencial a punto de suceder y aguar todos tus planes, trayectos y desplazamientos. Si me encanta la lluvia, su olor, su encanto, pero no en DF, por favor. Aunque para qué me quejo, si ya no voy a a atravesar la ciudad para llegar a ningún lado por la tardes. Resiento el cambio: como que soy animal de costumbres.

FLACK: Me tendré que inventar algo bonito los domingos. Café a la tarde, cine, comidas. Algo para no sentir de repente tanta melancolía citadina. Melancolía de gran capital.

miércoles, julio 02, 2014

Pandora abierta


Tenía 27 años y muy poco por qué preocuparme. Lo más seguro es que el tiempo y la distancia me estén patrocinando un regocijo total en torno a esas movedizas épocas, preámbulo de una escapada de 6 años a tierras incógnitas. Porque sí, tenía 27 a cuestas y un movidón emocional que te cagas y no, no querrías tenerlo ni tú ni nadie.

Recuerdo que sí, intenté hacer terapia, pero salí por piernas porque le mentía impunemente a la terapeuta en turno y, o ella no se daba cuenta, o sí se daba cuenta y sólo me quería cobrar la hora, así que la dejé. También recuerdo que hacía yoga, pero no entendía un carajo: quizá la instrucción no era buena; quizá yo era un manojo de emociones tal, que no entendía nada.

Tenía 27 años y no sé si estaba consciente de que tenía toda la vida por delante. Pero pesaba alrededor de 53 kilos e, irónicamente, esa liviandad no me servía de nada.

Era reina del boicoteo personal. Por eso salí por piernas. Por eso me autoexilié durante tanto tiempo.

FLORS: Ojalá la ligereza de esa mirada hubiera sido ligereza de vida. Recuerdo perfecto que ese día prohibí al Sujeto T asistir a esa fiesta, que era por el cumpleaños de mi hermana, porque quería probar suerte con un viejo amor. Más larga que era en aquellos tiempos. Más.