martes, junio 24, 2014

Tormentas de mar


Fumamos. Fumábamos mucho en esa época. La escena no era distinta a esas películas de adolescentes en plena efervescencia, ésos que van descubriendo los placeres de la vida y la carne. Así que fumábamos. Yo dejaba que me dieran de fumar. Y luego era devorar lo que se nos pusiera en frente, deglutir todo tipo de golosinas deliciosas y dulcísimas, empalagosas, quizá incomibles en sobriedad. Vaya compulsión exquisita aquella, vaya momentos de placer casi absoluto, porque el verdadero disfrute vino mucho después, cuando lejos de esas aventuras juveniles, descubrí las maneras de encender que vienen detrás de fumar. 

Y encendí muchas olas. 

Fumamos. Fumamos mucho en esta época poblada de momentos en los que, cuando volteo hacia arriba, creo ver el mar. Nunca hemos ido al mar. O al campo. Y mientras comes cosas dulcísimas derramadas sobre mis convenientes pliegues, canturreo en gutural.  

Ahora se encienden tormentas de salvajes contornos. Tormentas en el mar.

HORIZONTE: Si te duermes, te distraes. Ahí es cuando hay que hacer clic. Corte y se queda. El "se va y se corre" previo como guiño.

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