jueves, junio 12, 2014

Paisajes deliciosos


Pensaba en el frío que no es frío y es ese clima fresquito del DF. En los veranos de la infancia en la casa de los abuelos maternos. Veranos enmarcados de lluvia y paisajes rocosos, arbolados muy de acá. En la espera de niña de 7 años que quiere que no llueva para seguir construyendo universos paralelos llenos de historias con batallas, caballeros y mundos por conquistar. Cuando cortaba distancia a las bardas trepándolas, cuando mi necesidad voyerista estaba a unas cuantas ramas de árbol. 

¿Por qué es tan importante esta ciudad si no nací en ella?

Será porque no he llorado tanto estando en su territorio o porque casi nadie me conoce, así que no hablan de mí: no me nombran ni apuñalan. Y no: no deseo traer la convulsión, el trance, el dolor de otras ciudades de antes, de atrás.

HOMBRE: Consideraría que delicias hay pocas en la vida. Sí sé qué hacer cuando aparece una y se me planta enfrente. Y si no, me lo invento. Adoro cuando el territorio no sólo es hermoso, sino que además contiene estallidos a diestra y siniestra y pura belleza pura: esa que se gesta en la mente. Adoro. 

2 comentarios:

Mandarina Concupiscente dijo...

Me hiciste suspirar...

mariana m* dijo...

Yo estoy así: a diestra y siniestra.