jueves, mayo 15, 2014

La plegaria de los últimos tiempos

Una vez que el latte toma la temperatura adecuada, lo bebo a tragos voraces, sin importar que aún esté humeante. Intento no pensar en la monserga que me tiene en constante desgaste desde hace algún tiempo y, cosa rara, que no es un hombre, una relación que ansío y se vea truncada, o alguno de mis devaneos carnales, porque cuando deseo, ¡aguas!, me paso todos los altos para llegar ahí donde está la fuente de placer.

Aprecio las vistas que me ofrece el Café de la Gran Ciudad, aunque sirvan una pastelería y bocadillos mediocres. No fumo un cigarrillo, porque no traigo. Y, a pesar de que me obligan a escuchar a Lady Gaga, me dejo fluir. 

Extraño una vida simple que es simple porque simple es la ciudad. Nunca pensé que por satisfacer mi sueño de vivir en el primer gran centro urbano del llamado Nuevo Mundo iba a tener que sacrificar parte de mi paz mental, la que ni con yoga, terapia o sexo se aquieta. Es necesario follar mucho en ciudad de México o morir en el intento de lidiar con sus eternos demonios y caos. 

Me basta por ahora una visión apasible a nueve pisos sobre el suelo. Me deja respirar esta lejanía brevísima del caos dentro del caos. 

Hágase pues la voluntad de los que pueden y que no quieren a veces firmar pisoteando el sueño o la tranquilidad de los que no pueden. Hágase alguito de una puñetera vez. Y a tomar por culo. Amén. 



VISTA: El escape de la locura temporal. Me hace pensar en el "ténmeacá" que abuelos y padres te mandaban pedir a esos mismos abuelos y padres para respirar un tantito. Yo quiero un "ténloallá", de favor. ¿Será que se puede? 

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