jueves, mayo 29, 2014

Flashback

No deja de pensar en la cama prestada: en esa que no es de ninguno de los dos. En la sábana rota, herida y sobreviviente de tantita pasión derbordada ahí, en ese terreno neutro que no los volverá a acunar, piensa. 

No suelta su nombre: dos sílabas que la acompañan desde hace días, quizá meses; que le entró por los ojos y, para qué se hace la loca, que presintió. Se lo imagino poquito tal y como se lo topó en esa cama prestada. Lo saboreó sin saber que resultaría ese conjunto de delicias, como si al haber sabido esperar, la vida la recompensara por ser paciente, algo tan desconocido para ella, se atreve a confesar. 

No quiere ni imaginar el siguiente encuentro: le resulta avasallador así, no más de pensarlo; tremendo y mayúsculo. Augura algo más que todos esos fuegos artificiales que se detonaron en esa, la sábana rota, sobre la cama prestada



GUIÑO: De una noche de sábado o de cualquier tarde de domingo en una primavera que más bien parece verano. Guiño al fin, se congratula ella. 

lunes, mayo 19, 2014

La incompatibilidad, en otra parte


No suelo pasear mucho por la ciudad. Menos por el centro. Mi enorme burbuja y los ríos de gente no son compatibles. Esa incompatibilidad debería trasladarla a según que recuerdos. Como ese del día en que tuve que manejar un Clío azul marino, porque su dueño se lastimó un ojo y no podía ni abrirlo. Tuve que conducir hasta el oftalmólogo, luego a su trabajo y de regreso a mi casa. El auto se me apagó 10 mil veces: soy malísima manejando: no tengo mucha práctica ni auto ni ganas de ponerme, generalmente, detrás del volante. 

Como sea, lo recordamos con cariño. Aunque lo extrañamos casi de por vida: un mejor amigo, ¿dónde está? Esa comprensión, la conexión de puta madre, que ni hablar, porque te lee el gesto, porque te entiende, porque te quiere incondicionalmente. El sábado hablé de él y casi lloro. Extraño a ese amigo. Y tan, tán. Ya mucho recuerdo.


FLICK: La gentecita. Así de lejos, hasta los amo. Soy una viejaca en su punto, ésa que se cotiza sin querer, que lo sepan. En los últimos tiempos casi que no sé dónde está mi cabeza.

jueves, mayo 15, 2014

La plegaria de los últimos tiempos

Una vez que el latte toma la temperatura adecuada, lo bebo a tragos voraces, sin importar que aún esté humeante. Intento no pensar en la monserga que me tiene en constante desgaste desde hace algún tiempo y, cosa rara, que no es un hombre, una relación que ansío y se vea truncada, o alguno de mis devaneos carnales, porque cuando deseo, ¡aguas!, me paso todos los altos para llegar ahí donde está la fuente de placer.

Aprecio las vistas que me ofrece el Café de la Gran Ciudad, aunque sirvan una pastelería y bocadillos mediocres. No fumo un cigarrillo, porque no traigo. Y, a pesar de que me obligan a escuchar a Lady Gaga, me dejo fluir. 

Extraño una vida simple que es simple porque simple es la ciudad. Nunca pensé que por satisfacer mi sueño de vivir en el primer gran centro urbano del llamado Nuevo Mundo iba a tener que sacrificar parte de mi paz mental, la que ni con yoga, terapia o sexo se aquieta. Es necesario follar mucho en ciudad de México o morir en el intento de lidiar con sus eternos demonios y caos. 

Me basta por ahora una visión apasible a nueve pisos sobre el suelo. Me deja respirar esta lejanía brevísima del caos dentro del caos. 

Hágase pues la voluntad de los que pueden y que no quieren a veces firmar pisoteando el sueño o la tranquilidad de los que no pueden. Hágase alguito de una puñetera vez. Y a tomar por culo. Amén. 



VISTA: El escape de la locura temporal. Me hace pensar en el "ténmeacá" que abuelos y padres te mandaban pedir a esos mismos abuelos y padres para respirar un tantito. Yo quiero un "ténloallá", de favor. ¿Será que se puede? 

miércoles, mayo 14, 2014

Postales urbanas

Tengo la impresión de que, a veces, hablo demasiado. Despepito más de lo necesario cuando me pongo ligeramente nerviosa o no: estoy comenzando a creer que es parte de mi encanto natural. Hoy me olvidé la ropa del yoga en casa de Jack. Me ocurrió así, porque la coloqué en una silla y el asiento de esa silla quedaba oculto por la mesa, de manera que cuando me fui no vi el bulto y no volví a pensar en él hasta que me planté justo frente a la fachada de la casa que alberga al centro de yoga al que acudo presta casi cada día entre semana. Aunque fuera sin fusil a la guerra, entré y subí hasta la recepción para toparme con el recepcionisto guapo, a quien le conté mi contratiempo y de quien obtuve ayuda. Mientras se le ocurría cómo auxiliarme yo hablaba y hablaba e intentaba encontrar una solución: la primera fue bajar a la tienda que tienen y encontrar un short o malla que diera el gatazo, pero todo era como tres tallas menos que la mía o valía más de 500 pesos que no iba a pagar por dicho descuido. Mi verborrea era tal cual mi fluir de conciencia. Él me contestaba, dialogaba al tiempo que me observaba (creo que le gustan mis tatuajes). Hasta que descartando las caras y diminutas opciones, pregunté por algún cesto de objetos perdidos donde hubiera un short. Como no lo hubo, estaba lista para irme, pero salió él con un glorioso short: es de la directora, me dijo mirándome fijamente a los ojos, mis ojillos achinados que se abrieron como plato. ¡De la directora! 

Esta tarde hice yoga sin importar que fuera desprovista del ropaje correcto. Esta tarde tuve suerte.

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La suerte de la selfie, la fea la desea. Anoche lo pensaba. Y no, no me brotó de la nada dicho pensamiento. Soy fan de los selfies, porque soy fan de la autofoto, pero no cualquiera, amigos, no a cualquiera ama la cámara. Y soy tan fan de la selfie, como lo soy de la autofoto de desnudo, dicho sea de paso. Comencé a tomarme fotos por allá de un tardío 2007 en un intento del todo vano por atrapar la atención de un entonces ex novio que me partió el corazón en mil pedazos y por quien decidí desterrarme en Barcelona durante 6 años. Mi intención era seducirlo. Quería que me deseara, que extrañara mi cuerpo y pensara en mí, un deseo claramente infantil, de berrinche total, pero eso derivó en una autoexploración que generó una vasta colección de fotografías que yo misma me he tomado y que valoro, no sólo por la valentía de pararme en pelotas ante la cámara, sino porque hay algunas que considero pueden tener algún valor artístico. La intención de seducir quedó lejos y se vio superada por la necesidad de expresar algo a través del cuerpo. Ya no es sólo una tía mostrando las tetas porque sí, hay una composición de por medio que busca transmitir algo a alguien.

Aunque calientes siempre han habido, siempre ha llegado aquel que ha visto alguito más allá de un simple par de tetas.


SELFIE: Yo sé que les va a gustar. Porque una vista tan linda, no cualquier día. Que lo sepan.

martes, mayo 13, 2014

Estado de violencia

Ahora uso mi bolsa como un arma cuando voy por las calles: como es grande y suelo llevarla a tope, me sirve para golpear a los idiotas que suelen ir en trío o dupla ocupando gran parte, si no es que toda, la banqueta. No me muevo un pelo y sigo por mi camino en línea recta, derechita y avanzando como aplanadora: si no se mueven y colocan en fila india o algo, se joden: les pego. He pegado ya a mucha gente. No pretendo educarlos, ya entendí que son como cabritas salvajes, si bien nos va. Pero tengo que sacar mi rabia e impotencia ante tanta y tanta mala educación. Una vez más el DF mostrándome que "el hambre está cabrona, región 4", ya que no es lo mismo "el hambre está cabrona, versión Barcelona". Acá el tópico alcanza niveles estratosféricos. Es sólo un ejemplo.

Como el material del metro da para mucho, podría contar otra bella anécdota: el vendedor vagonero, cuando termina de pregonar, se para junto a mí, que voy sentada, para esperar a la siguiente parada. No es que llevara el escote del millón, pero bueno, con estas tetas, ¿qué hace una? Total, que se para junto a mí y me mira fijo a, obvio, las tetas. Así que aparto el libro que voy leyendo un poco y lo miro a él a los ojos hasta que despega su mirada de mis lolas y le pongo cara de "quihubo, pendejo". Me mira un poco, consternado, claro está, y como no dejo de mirarlo empieza su perorata: "mejor sigue leyendo tu libro, para que seas más inteligente y salgas adelante" o algo por el estilo. Sólo puedo espetar un "qué naco" justo antes de que abandone el carro. La banda no está acostumbrada a que los confrontes. Me da miedo hacerlo, a veces, pero la rabia y la impotencia, una vez más, me llevan a defender lo mío. A defenderme. Puta ciudad, está cabrona.

Pronto: tenemos que hablar de lo agachones que son los transeúntes en DF. Lo bueno: la ciudad continúa sorprendiéndome. 

FOTICO: La Marianica se va a quedar pelona. La fotografía lo muestra. Por eso dejé de teñirme a roja. Mejor naturalita y con canas. Ya qué.


domingo, mayo 11, 2014

Over and over and over ando over

Siento que llevo la mitad de la vida extrañando a mi mejor amigo que, cabe destacar, sólo fue mi mejor amigo porque quería ser justo algo más que eso (que, supongo, de eso se trata, ¿no?). Estoy harta de sentir ese hueco, esa falta, ese vacío. Cansada lo que sigue de pensar de tanto en tanto que si no terminamos juntos fue por mi culpa. Si bien deben existir por ahí versiones más, versiones menos de la historia, eso ya no debería estar sucediendo por lo menos aquí. ¿Cuántas veces me he querido desembarazar de todo esto? Harta, sí, hartísima. Bien que mal lo tengo ya más que masticado; no es cosa de preocuparse, tampoco, que de vez en cuando piense en todos esos patéticos hubiera. Es sólo que este finde tocaron chick flicks de esos de amor a distancia, de luchar por la relación y llevarla a buen término sea como sea. Y, ¿saben qué? Me duele mucho, porque desde entonces no he tenido otro mejor amigo. Creo que cerré mi corazón a ese tipo de vínculo. Duele demasiado perder algo tan bonito. ¡Mierda! Qué feo es no poder confiar. Me encantaría decir que quiero hacerlo, pero me da mucha pereza intentarlo y que me manden al trasto. O yo salir por piernas. O algo. Creo que voy a vender mi alma al diablo. Mi reino por encontrar un nuevo amigo que pueda ser el mejor amante y se enfile conmigo hacia el mismo rumbo. Quizá le eche ganitas a la misión. Después de todo, ¿qué podría perder? ¡Ah! Yo les puedo decir, pero entonces dirán que soy una pesimista. Juar.



CEJAS: Mis amigas dicen que las pinto demasiado. ¿Será?

viernes, mayo 09, 2014

Yo me pinto sola


Chicots: sólo he venido a contarles que escribí una nota con la Raquel Rivas, una chica muy mona y guapa que trabaja donde yo. No voy a mentir: no me costó nadita escribir del tema, porque se trata de los ligues online, un tema en el que me pinto sola. Soy maestra: del ligue y de cómo encontrar un algo en la red. No puedo decir que mis experiencias hayan sido 100% satisfactorias: una vez por andar de vaga en las virtualidades de un coapeño, así me fue.

Pero hasta de lo malo se obtienen cosas buenas: gracias a eso, me tienen de vuelta en México, juar.

Lean y disfruten. Yo me leo y pienso: tengo un estilo inconfundible al escribir. Así que ya deben saber, si leyeron, quién es Tania, juar.

BATÍN: Imaginen, a parte de tener tatuajes de pájaros saliendo de mis tetas, tengo un batín de flores precioso. ¿Así o más hipster?, como diría mi amiga Gemma. Me llaman hispter. Yo digo que sólo soy una fachosa de mierda.

domingo, mayo 04, 2014

El lujo, los males



Estaban al máximo. Era un concierto que esperaba desde hace 10 años, porque cuando llegué a Barcelona tuve amigos que fueron, pero yo no y ya ni me acuerdo por qué. 

FAMILIA: El Orva, la Paula y yo. Y el monedero perdido. Y los amantes hambrientos y así.

sábado, mayo 03, 2014

Premoniciones a mí


Si les digo que tengo una maldita percepción de mierda y que atino, casi siempre, a cosas que van a ocurrir, no me creen un pito.

Lo siento en el cuerpo y es como si esa sensación fuera una clara visión de los hechos por venir. Baste con elegir el camino, pero hay caminos que van a dinamitar tarde o temprano y hay veces que ya lo sé. Pocas cosas son las que me sorprenden.

Esta semana me llamé Mariana Fiestas. Otros me llamaron Mariana Desastres. Pero en realidad fui Mariana Precipicio. Y un tantito Mariana Pasiones. 

La mutación de mis distintas realidades me llevaron a constatar un par de cosas: si te cotizas, vencerás. La otra es que la pasión que desatan las mujeres es única. De un lado y del otro. O algo así.

Supongo que viendo o no, estoy en una posición anti-conflicto. Hoy no me mojo. Mañana, tampoco. Y así.

POTTER: Me pongo otras gafas. Me quito el sombrero. Me visto de negro. A vivir el funeral de todos los "amores" del pasado. Aplico el "be my guest" durísimo. El "caile" que le dicen.