martes, abril 22, 2014

Paciencia, esa gran desconocida


Supongo que no es raro pensar tanto en el futuro. Soñar despierta con todas las cosas que podrían suceder mañana, pasado, el mes que entra, dentro de 90 días. No es raro: es una actividad que practico más por supervivencia que por ser la más "planeadora" de las mujeres. 

Pero, como construyo sueños, los aplasto a cada paso. Y me muerdo los labios que a veces pinto de rojo y coloco mi dedo índice frente a ellos y hago eso que suelo hacer: llevarlo de un lado a otro negando así todos los futuros que ni existen ni existirán nunca.

Y es que no soy paciente para esperar que todos esos sueños tan personales e íntimos se vuelvan realidad. Soy la mujer más impaciente: quiero, si deseo, que todo suceda ya mismo y me invada el placer cuanto antes. Porque claro, todo eso que anhelo no es sino placer ad infinitum. Pasarla bien y seguirla pasando bien por el resto de los tiempos. Soy una puta hedonista irredenta.

Todo esto para contarles que la vida, esta pinche vida de mierda, me ha enseñado a punta de golpazos que hay que ser pacientes. Una, porque se siente bien bonito cuando llegan esos futuros deseados y se hacen realidad; dos, porque a la pinche vida de mierda le da la gana que así sea, y tres, porque no hay que estar pendejeando con futuros desconocidos, aunque soleados: hay que estar aquí y ahora viviendo el momento. Así que, salgo del armario de mis secretos y los ventilo un poco. En una de esas, paciente y todo, eso que anhelo se hace realidad.

FLORCITA: El DF está hecho aguas. Nos cargamos al planeta y ahora la temporada de lluvias llega desde abril. Yo me escapé poquito la semana pasada. Me escapé del granizo y del temblor. Pero sigo en DF. Sigo y seguiré. Y quiero, porque deseo. Así que paciente espero.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mientras no sea que te salió un sida, todo bien. ¿No?

Anónimo dijo...

ahhh... come chocolate.