martes, abril 29, 2014

Como unos, como otros

Como ciclistas pendejos. Como peatones estúpidos. Como conductores hijos de puta. Como todos esos hemos sido. Cambiamos de perspectiva para olvidar que existe el otro. O, ¿me parece así, porque se trata del lugar en el que me encuentro ahora?

Yo he sido todos. Me he convertido en la más cruel al volante, la más intolerante, la más violenta. Pero si voy sobre el sillín de mi bicicleta, odio a todos los viandantes, a todos los que manejan un auto. Y al caminar mejor ni lo cuento: existen automovilistas que se han regresado a mirarme con odio porque los he llamado hijos de puta por cerrarme el paso.

Lo que podría entender es que el hambre está cabrona y todos corremos, perseguimos la chuleta. Y el fin justifica los medios: no importa que matemos al transeúnte, que gritemos a choferes, que odiemos al ciclista que se pasa el alto. O, ¿me equivoco?

Podría creer que es México. Que es aquí. Donde nos tocó vivir, como dicen.

Todavía se me ocurre a veces que hay que tener mucha baja autoestima para vivir en esta ciudad. O corazón de pollo, a estas alturas.

Pronto, la historia del viento y de Juárez.

PICS: ¿Qué sería de mi vida sin las fotos? Por cierto, qué pesadilla es traer faldas en esta ciudad. Te miran como si nunca hubieran visto una mujer con una puesta. Y sí, me canso de protegerme. Es bien desgastante a veces llevar tanta armadura de aquí para allá. En fin.



Old boy.


Caracol, caracolito. Y tan, tan.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Ah, las faldas! ¡Epítome de la feminidad! Una pena que te resulte tan difícil usarlas en la ciudad, porque sean las faldas largas o mas cortitas, sean voladas o pegaditas, ¡con todas se ven lindas las mujeres! Y tú ¿cómo las usas?

Y la historia del viento y de Juárez no es [necesariamente] la misma historia si usas faldas.