martes, marzo 25, 2014

En mi reino entra el calor


Con el calor llega, entre otras cosas, el uso de blusas de manga cortas, si no de tirantes; arriban ardores que prendas de largas extensiones constriñen indeseablemente, nos caen, de ramalazo, un montón de cambios en el transitar. Así que nos arremangamos. Y este particular cambio me ha traído un nuevo aprendizaje que, por fuerza, me lleva a un lugar común: el metro en hora pico.

En el metro a hora pico los calores pueden alcanzar temperaturas que dan ganas de enjugar con una toalla el sudor brotante. El deseo por una buena ventisca a mí me vuelve loca. Pero lo peor de esta novísima situación para mí es que, al vestir ropas que dejan mucha más piel expuesta, con los apretones, repegones y anexas, lo puedo pasar muy mal con la sensación que causan los cabellos ajenos en mi piel. Puedo jurar que el pelaje de las otras, porque generalmente son más bien mujeres, me pueda causar arcadas. Daría mi reino en esos momentos porque las finas damiselas llevaran el cabello atadito, sujeto bien cerca de su cráneo, pero va a ser que no.

Y es todo. ¡Ah! ¡No! Hoy el metro y la zona "sólo para mujeres" me dio una lección: no hay solidaridad como ésa que lleva a una persona, que se queda sin poder subir al vagón, a ayudarle a la que sí alcanzó a entrar en esa bella "lata de sardinas", a terminar de meter el bolso dentro. Porque claro, como se metió a huevo, el bolso ya no cupo. Pero siempre hay alguien de bien afuera. Alguien en quien sí cupo la prudencia. 

En fin.

CHATA: Aprovechando el sol de las 18:00 horas, que cada día se extiende más y nos recuerda que ya vienen los calores, el ardor, la belleza, me tomé un descanso y una fotillo ahí, pa'el recuerdo. Amo el recuerdo. Pero me da miedo el horario de verano, ahora que madrugo. Chin.

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