miércoles, marzo 12, 2014

El extraño embrujo de una loca


Luego de que el invierno se acabara hace un par de semanas, me vi obligada a guardar los abrigos. Tengo que aceptar que me encanta este clima del DF. Lo mejor: me encanta el DF. Ahora sí que ya estoy aquí.

Que, ¿cómo llegué de una vez por todas? Tengo algunas ideas. Sólo diré que se terminaron de ir lastres que estaban sin estar y, eso ya lo saben, la incertidumbre me mata. Sin querer hice cosas de las que no me arrepiento ni un pelo, pero parece que no simpatizaron na-da e hirieron sensibilidades y lo respeto, pero vivo encantada con la idea de que el hartazgo que desperté, la desazón, el hastío, condujeron al rechazo que justamente necesitaba que sintieran por mí para que me dejaran de una puñetera vez. Yo, es que soy una cobarde de mierda para dejar según qué puertos. Guardaba la esperanza, la ilusión, de que volverían esos ojos de caricatura japonesa a mirarme como alguna vez en ese viejo mayo del 2013. Y no, eso ya no quiero que pase. Ya no.

El gran acontecimiento sólo trajo cosas buenas. Ya me tocaba. 

Como los pelos de la burra, el toro por los cuernos. Sigo pensando que todos me la pelan. Todos, hasta esta loca ciudad. ¿No es encantador?

INSTANTE: Estoy en racha de selfies de mierda. Perdonar, amable lector. No puedo parar.

1 comentario:

JULY dijo...

me encantan tus selfies, siempre tan guapa y con estilacho mi Marianita.... y más me gusta que hayas llegado... muak!