jueves, febrero 20, 2014

Rutinarias y pacíficas


Salir del curro. Pillar un bus. Correr al metro. Rebasar a los transeúntes más lentos. Pillar el vagón menos lleno. Leer el libro en turno. Medio llorar, a veces, por culpa del libro en turno. Pedirle al dios que sea que no se pare más de 5 minutos en una estación el pinche metro. Salir de ahí. Seguir rebasando a los transeúntes más pinche lentos. Subir corriendo las escaleras. Llegar al primer destino. Pasear a Jack. Dejarlo caputs. Correr para pillar el trole. Medio jugar Apalabrados en el camino. Medio contestar el "guasá". Rogar a todos los dioses que el recepcionisto guapo del yoga esté en su lugar y me diga "Mariana Islas, ¿verdad?". Correr al vestidor y despojarme de la ropa para quedarme en yogui outfit. Invocar a los dioses más comprensivos que no me toque junto al idiota que casi pisa mis lentes el otro día en clase. Hacer "om". Estirar y desconectar de todo y de todos. Salir corriendo para pillar el trole, para pillar el metro, para volver a casa. Leer a la Montero, chillar un poco quizá. Arribar a Eugenia y pensar "cansada, pero contenta". Cenar un yogurt. Tontear en la computadora. Dormir.

OH: En el centro de mi universo retumba mi voz. Oigo truenos y bendigo la paz que ha vuelto. Paz emocional. Paz entre mexicanos, porque no sé qué tienen algunos que me han vuelto loca.

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