martes, enero 21, 2014

Verdades y mentiras, quincuagésima parte

Verdad: ya no podría vivir en una ciudad en donde no haya metro. Lo que se derive de esto, será lo que tenga que ser.

Y contra una verdad, muchas mentiras que me digo cuando me empeño en aparentar que hasta aquí, todo va bien. Me empeño en que apenas se vean las cuarteadas nacerme en la cara. No me permito llorar en los brazos de mi madre, de mi hermana. Sólo quiero ser lo más parecido a una dama de hierro. 

Mentira: he dejado de erigir mil y un fantasías al rededor de algo que no va a ocurrir, porque en el fondo de mi corazón sigue ocurriendo.

Demasiadas voces se agolpan en contra de una más de mis bellas contradicciones, de mi negación, mi obcecada necedad. Todavía no las quiero escuchar. Y miren que la vida me está poniendo pruebas.

SOSLAYO: El que deseo, para ser ligera, para ser mía. Tengo la sospecha de que llevo demasiado tiempo haciendo y deseando lo que los demás quieren para mí; trazando y planeando una vida que he creído es la que les debo a ellos. Puñeteras sospechas de la infelicidad. Pero de santa, ni un pelo. A ver si lo voy aceptando de una vez.

3 comentarios:

Mandarina Concupiscente dijo...

Me encantan tus mentiras. Yo también miento en esas escalas. Y también soy capaz de decirme las verdades más crudas en la intimidad, pensando que cuando alguien las diga afuera, ya no dolerá tanto.

mariana m* dijo...

Ay, yo no quisiera mentir, sino ir y decirle y contarle y confiar. Pero tengo la enorme sospecha de que así no funcionan las cosas. De que no funcionarán, porque para que eso suceda, el deseo tendría que ser correspondido. O algo *sob*.

mariana m* dijo...

Por cierto, creo que hablamos de cosas diferentes, ¡ja! Últimamente me pasa que leo lo que quiero leer. Lo siento ;)

La cuestión es que en el fondo, una sabe que es y que no es. Aunque duela, lo sabemos, y así, como dices, ya no duele tanto.