lunes, diciembre 16, 2013

La piña



La piña catalana era una piña de verdad. Fue una familia. Y yo, necesito una ahora. Una de verdad. Llegar a esta conclusión me hizo entender un poco más por qué aquí no me hallo, como dicen por ahí. Y no es la violencia en la que me veo inmersa en mi día a día, a la que me veo obligada a padecer y aplicar. Y no son los recientes quiebres, las ausencias, las desconexiones. Ni las pérdidas, como la del celular, por la que me he sentido manca. Es que no he encontrado una nueva familia. Y en este momento de la vida, ocupo un tantito de una. Así que voy por la mía.

SELFIE: Una de las últimas con el viejo-nuevo celular. Fue un regalo, así que me sabe mal la pérdida. Pero más que el objeto en sí, me pareció una putada que se lo llevaran, así, de huevos y yo no pudiera hacer una mierda. Blah. Me hizo sentir tan vulnerable. ¡Quiero mi piña de verdad!

5 comentarios:

Juan Chifla dijo...

A mí me gusta andar sólo por la vida. Tengo una piña, o banda, o familia escogida, pero nunca todos en un mismo lugar. Rara vez coinciden, pero creo entender a lo que te refieres.

Anónimo dijo...

Paciencia, mujer, que Roma no se hizo en un día. Las familias (sobre todo las postizas) no se dan por generación espontánea; en esto, como en casi todo, hay que trabajarle.

Mi recomendación de migrante es buscar a gente dispuesta a construir rutinas contigo (comer cada martes, o ir al cine cada quince días, etc.). En la ciudad de México vive un montón de gente solitaria buscando eso mismo.

mariana m* dijo...

Eso, que impaciencia es mi nombre y que quiero todo a la de ya. Lo más seguro es que le dé otra oportunidad al DF. Porque me gusta. Hay una puñetera belleza en todo este caos que todavía no me explico. Hay quien dice que es su energía: te atrapa y no te deja ir. Pero ocupo un tantito de piña. Gente a fin, gente buena, gente dispuesta a compartir. Gente, contacto humano pues.

*dyamantina* dijo...

A donde vayamos de lo único que no podemos escapar es de nosotros mismos.
Aquí o allá siempre sentiremos ese vacío y la necesidad de llenarlo, aunque a veces nos sintamos bien con nosotros mismos, hay lugares que necesitan ser llenados por otros.

Abrazos Mariana.

mariana m* dijo...

Gracias Dyamantina. Bajita la mano, pero ya desde hace rato que me acompañas :)