domingo, octubre 13, 2013

Yo no nací para amar

Cuando regresé a México y decidí quedarme a vivir en el DF nunca imaginé que iba a ser todo lo más infeliz, en el aspecto laboral, de lo que había sido antes en mi vida. Volvía después de un destierro voluntario de 6 años y pensaba, ilusa yo, que iba a encontrar una digna retribución de la vida, luego de haber currado casi de lo que fuera en Barcelona, y que las satisfacciones a nivel profesional iban a enderezar el maltrecho curso que mi currículum había tomado. Pensaba que en mi estatus de mexicana, en mi país iba a encontrar un cauce digno y que sería capaz de gozar de derechos laborales a los cuales renuncié cuando me convertí en una inmigrante. Pero nunca fui tan ingenua. Volví a México para padecer la gran injusticia de tener que firmar tu renuncia al tiempo que firmas tu contrato y de ahí pa'l real.

Dicen que lo que pasa es que llevo toda una vida desempeñando cargos para los que no estoy hecha. Algo así he sospechado desde un principio, cuando he querido formar sindicatos y asociaciones para luchar por sueldos dignos, por condiciones gratas para los trabajadores. No entiendo eso de que los patrones quieran que rindas un 110% cuando te pagan una miseria y las condiciones en la oficina sean cuasi deplorables, como que se trata de espacios cerrados, sin ventanas, con unos baños que dan miedo, con un área comedor para los empleados que emula una choza a punto de desvencijarse o equipos de cómputo miserablemente lentos.

También dicen que soy demasiado exigente, que no valoro el trabajo que dios me dio y que tantos no tienen, situación que me recuerda eso que he pensando ya varias veces, y es que vivir y trabajar en el DF, en algunos casos, es tener la autoestima muy, pero que muy baja.

Y no sé de quién sea la culpa: de los trabajadores que por 3 pesos te hacen la chamba con tal de tener chamba; del gobierno chambón; de las empresas, porque pueden explotarte. Como sea, estoy a una de hacerme taquera si es que así sí me sale pa'l chivo y pa'horrar. Porque si voy a una entrevista más en la que me digan que tengo currículum de senior, pero que nomás me pueden pagar de junior, me doy un tiro.

Eso o lo dejo todo por la escritura. Y medio curro sin alma ni espíritu sólo para comer. Porque es verdad: no estoy hecha para trabajar en una gris oficina, rodeada de grises empleados. 

SUNSHINE: Encuéntrame. Ahí. Donde alguna vez. Donde era "hermosísima Mariana por las mañanas". Ahí. Encuéntrame.

1 comentario:

Martín Luna dijo...

Desde que tomé la decisión de ser un profesional independiente la vida realmente dio un giro para bien... nunca me canso de invitar a la gente que veo en este borde a que den el salto de fe.
Sennior, Junior, CEO... apellidos que se llevan bien con Gutierrez.
No se si es el mejor consejo, abandonar toda estabilidad, pero cuando el barco se está hundiendo, de nada sirve que te abraces del mástil.
Buena suerte con la decisión!