lunes, septiembre 30, 2013

Muera el yo boicoteador; vivan los conciertos que hacen que llores

Querido diario: 

El jueves 26 de septiembre se convirtió en uno de los días más bonitos de mi vida. Terminé yendo al concierto de Love of Lesbian, cuyas entradas estaban agotadas desde hacía como tres meses. Puedo decir que existen, todavía, los ángeles de la guarda, porque en pleno fin de quincena, sin mucho más que 100 pesos en la cuenta, conseguí una entrada fiada, por decirlo de alguna manera. 

Así fue, querido diario: nunca me había pasado eso de llorar en un concierto, pero comencé a escuchar las canciones y las lágrimas brotaron de manera automática. "Y yo sin kleenex", pensé. Lloraba porque finalmente esas canciones me acompañaron en muchos momentos difíciles, complicados, de mucha soledad, de mucho dolor quizá, de austeridad y merma. Lloraba y pensaba en lo incomprensible que me parece el dolor. Me han dicho que no tienes que comprenderlo, sino aceptarlo. ¿Aceptar la vida con dolor? ¿Dolor perpetuo? Eso no lo entiendo, querido diario, no.

No puedo y no quiero. Me quedo ahí, atorada, atrapada sin salida. Y lo hago aún cuando tengo una buena vida, buenas oportunidades en muchos sentidos. Me dicen, me cuestionan "¿de qué te quejas si lo tienes tan guay?". Y, aunque insisto en eso de que los problemas para cada persona son relativos, sé que no tengo mucho de qué quejarme, es sólo que soy tan dura conmigo misma que no me puedo alegrar por ser lo que soy: me machaco constantemente ser todo lo que no he sido. Y todo se vuelve tan complicado.

Querido diario, soy una quejosa, sí: fui a un concierto de fiado, cuando no pensé jamas que iba a poder ir, el mismo día en que experimenté un pequeño triunfo profesional. Superamos en número de seguidores, en una red social, a la competencia. Justo la red social que yo manejo. Y se siente genial. Creí un poquito en mí, en lo que hago. Aunque en el fondo, mi yo boicoteador piensa que seguro alguien contrató bots para la competencia y se equivocaron de nombre, por eso nos dan likes a nosotros.

Querido diario, no me hagas caso: soy una quejica de mierda. Una blandengue. Víctima. Poco seria. Come cuando hay. Un alma vieja. Un alguien que perdió la ilusión hace mucho. Que casi no cree en la vida, en las causas. Que no lee porque se le secó el cerebro en alguna parte del camino. Que no tiene charla literaria para variar. O sí, hazme caso, querido diario, hazme caso porque puedo llegar a tener esos breves instantes de lucidez, en los que sí creo en mi misma y soy las más genial, guapa, poderosa, segura, increíble mujer que todos quisieran tener y sólo tú tienes. 

Querido diario, no me des por hecho. Échale ganitas. Entre los dos podemos. En fin. Por las dudas. Me marcho. Yo también necesito mi lugar. Recuperar mi cabeza, sobre todo. Recuperarme.



BORROSA: Que no borrada. La Fó se nos va. Que no se vaya tan lejos. La extrañamos. Yo la extraño. Pero se nos va lejos, porque no entiende. ¿Quién entiende al dolor? ¿Cómo hacen los felices para ser así tan felices y desfachatados? La Fó. Le echa ganas, aunque no lo crean, y siente que de poco sirve, a veces, todo eso. La Fó tan escéptica, pues.

1 comentario:

Mandarina Concupiscente dijo...

Soy tu fan por eso, por tocar el dolor aun sin comprenderlo. La gente feliz permanentemente me da mucha desconfianza, no les creo para nada a aquellos que salen ilesos de todos los accidentes existenciales. Mienten con todos los dientes, que no se hagan. Un abrazo.