miércoles, septiembre 18, 2013

Acotaciones y ociosidades

A mí me gusta, por defecto de evolución, adquirir tazas en el Starbucks. Tengo una debilidad por receptáculos mayúsculos, como si fuera una reina y necesitara un cáliz digno de copiosos volúmenes. Me gustan grandes, pues.

Y nomás a veces me pongo, más que a pensar, a reflexionar en este particular detalle, porque a Manuel le gustan las tazas más bien de factura artesanal y pequeñajas, he de decir.

Somos tan distintos y diferentes. En todos los sentidos. Tan iguales en otros. Y tendría que señalar, en todo caso, aquello que me ronda la mente, el cuerpo: estoy enamorada de un hombre que, cuando escribe, me conmueve mucho. No escribe mucho Manuel, no últimamente. Así que es triste no conocerlo más a través de sus palabras. Cuando Manuel escribe, describe muy bien sentires que, supongo yo, de otra manera no cobran forma en este mundo de lo inteligible. Ya me gustaría que me escribiera algo alguna vez.

Me gusta. Me hace sentir.


FOTO: La más vulgar imagen de un cotidiano. Kleenex al fondo, barniz en mano. Soy tan común. ¿Será para bien o para mal? Mejor, como otras tantas cosas, ni me digan.

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