miércoles, agosto 21, 2013

Una masoquista más, al fin

Nada más vengo a decirles un par de cosas: Una, ser madre es algo que te cambia la vida. Se te retuerce la entraña de manera distinta. Se te encoge el corazón ante cualquier trastabilleo. Yo no voy a estar nunca lista para ser madre, pero soy de las que piensa que me lo voy a bancar y muy bien. Nomás voy a ser de las madres preocuponas y aprehensivas. Ya puedo ir pidiendo perdón desde ahora a mi(s) hijo(s) futuro(s). Como que no se va a una universidad para padres. Como que es cosa de la vida misma.

La otra es que estoy sentada en el comedor muriéndome de frío. Suelo hacer eso, quedarme sentada navegando frente al computador hasta que soy presa total de una helada sensación que me recorre todo el cuerpo. Y no hago nada hasta que los dientes casi castañean o hasta que muero de hambre o de sed o algo. Soy una masoquista de los cojones. Una masoquista que hoy siente un vacío cuasi inexplicable porque no sabe comunicarse asertivamente ni transmitir su cariño a veces, sino todo lo contrario. Una masoquista de mierda que teme ser corrida o apartada. La masoquista más miedosa del universo, más neurótica, insegura y obsecada. Una masoquista más, al fin.



DAVID: Y más que masoquista, diría azotada. Pero es que llega el punto en que la hora fatal del día llega y me toma. La hora donde el hastío y pesadez de la rutina me aniquilan. Pamplinas.

2 comentarios:

Manuel dijo...

¿Cuándo te traes el micro? Ya, ¿no?

mariana m* dijo...

Nomás me hagas espacio :P