sábado, agosto 31, 2013

Los recuerdos


Como el triste destino de los perros callejeros, abandonados, dejados de lado en alguna parte, así voy desarticulando recuerdos. Se quedan dormidos en parajes distantes. No tienen qué comer. Están desamparados y a la espera de milagros fortuitos. El azar de ser encontrados es su mejor carta, pero la mayoría de las veces no tienen ni esa suerte en el juego de la vida. Se quedan, se olvidan, se sepultan.

Aquí, allá. En un quién sabe donde están.

Son amarillos, tienen brillos de oropel. Visten, quizá, trajes de gala o van raídos. Son tan tristes o traumáticos. Son, en todo caso, algo que fue demasiado importante en otros tiempos y llevan muletas para poderse mover. La caída en el olvido fue tan brutal, que no les queda sino renquear de por vida.

Soy una persona que olvida por supervivencia. Lo triste es que puedo olvidar algo importante entre tanta basurilla. Se pierden, con la edad, algunas habilidades.

REJAS: Las ponemos, pero las podemos quitar. Y tengo en la punta de la lengua el nombre de lo que me puede hacer tan libre. 


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