miércoles, agosto 28, 2013

La hora fatal


Son las 9 y todo sereno. Y es así porque más o menos desde las 5 o 6 de la tarde que voy dejando atrás a la jornada laboral, comienzo a relajarme. Todavía durante el trayecto a lo que hoy es mi casa, me siento media, media: media jodida, media cansada, media estresada. ¿Por qué es así? Yo también me lo pregunto e internamente me voy respondiendo. Pero claro, ve y explícaselo al mundo. Anda y ve, Mariana.

Durante la mañana de hoy me sentí perturbada por una voz chillona cuya portadora parecía ser parte de una pelea marital o algo. Me perturbó mucho. Me hizo pensar si mi estrés extremo ante tan lejana situación se debió a que me recordó algo del pasado, de esas cosas que me he empeñado en bloquear. Cerré puertas y ventanas de ese lado del departamento esperando acallar las voces. Pero, ¿cómo acallamos al resto de voces, ésas que deambulan adentro la Mariana donde habitan todas las Marianas?

Todavía, a veces, no puedo creer del todo que vivo en DF. Entenderme aquí forma parte de un recuento chiquito que hago a veces: trabajar para Internet, check; ser community manager, check,;vivir en DF, check. Y, ¿qué sigue? Casi todo lo que quise ser en la vida, todo con lo que soñé de a poco ya lo he ido haciendo. Me falta ser una mujer tatuada y tener, al menos, un hijo. Así que la entraña se arrebola: ¿qué sigue, qué?

FOTODEFAMILIA: Mi brazo es corto, aunque lo que mide alcanza justo para abrazar a Manuel. Abrazarlo mucho, arrebatarle la cobija en las noches, hornearle quiche, acariciarlo, quererlo. Mi brazo, mis brazos, son todos para él.

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