viernes, agosto 16, 2013

Imperfectamente, Mariana


Son obscuras las cavernas de mi imperfección. La que yo veo, la que me mata y doblega. Profundas, igual las recorro. Encuentro un extraño placer, que no sé dónde aprendí, al hacerlo. Una y otra vez. Intento no hacer caso al ruido. Ahora feliz, ahora triste. El quejosiraptor que llevo dentro en su máxima potencia. Parecería que nada me contenta. Y no, nada me contenta por momentos. Pero sé, porque lo sé, no soy pendeja, que la respuesta y solución las tengo ahí. Nada más que no soy capaz de verlas yo solita. Ocupo ayuda. Así que exclamemos: ¡gracias a dios existe la terapia! Y gracias a dios, a ese dios al que le quieran rezar, gracias a él yo estoy yendo puntual cada semana. El psicoanálisis será lento, pero me da buenos resultados.

No me encanta sentirme tan perdida y poco centrada. Lo odio, me estresa, representa la muerte en vida o algo. Miles de voces se reúnen en mi cabeza. Hablan de esto, de aquello. Me torturan con juicios, con demandas, con exigencias. Lo he dicho antes: soy mi propio verdugo. Soy la adulta que se niega a serlo a veces y le da rienda suelta a la adolescente de mierda que todavía teme a su papá. O algo. Adoro a mi terapeuta riendo cuando digo "o algo". Me siento graciosa, me siento aceptada, querida. ¿Ven cómo estoy mal de mi cabeza? Me consuela saber que nadie está bien de su cabeza. Nadie es ejemplo de lo correcto. Nadie, nada. Aunque he erigido fantasías monumentales de perfección, nadie la encarna. Algún día, alguno, me dejaré de machacar. O algo.

Léanme y explíquenme cómo vergas se acallan las voces. Cómo se llega a ese estado zen. ¡Ah! ¡Sí! El yoga. El lunes lo retomo, así sea lo último que haga. Toda la felicidad que se concentra en mi vida tendría que encontrar la mancuerna ideal con esa buena práctica. He dicho. Pero si pueden, sí, explíquenme poquito, lo que sea, porque por momentos sí siento que se me va la perola en esos vórtices en los que yo solita me llego a meter.

COLLAGE: Mariana de azul. Mariana siempre. Marianamente Mariana. Y no crean, me harto. Me saturo. Ni yo me aguanto. A veces soy demasiado Mariana para mí misma. Juar. Aunque usted no lo crea.




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