jueves, julio 04, 2013

Cosas y tormentas de la vacación



A veces me pasa. Tengo la mecha demasiado corta. La piel muy delgada. Me cuesta un huevo hablar, comunicarme. Tengo las palabras indicadas, el discurso perfecto. Está en mi cabeza. Pero no sale de ahí. No soy capaz de articular palabra y hablar. 

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Recuerdo una vez hace mil años, bueno, en realidad tenía 18, haciendo vacaciones con la familia en Puerto Vallarta. Poco antes de eso, tuve a mal enterarme que me habían puesto el cuerno. Tenía un novio bastante tonto que permitió que me diera cuenta. Así que en ese viaje decidí que yo le pondría el cuerno a mi vez. El que se me atravesó entonces fue un chico que recién salía del seminario, abortaba la misión, así que estaba ávido de ganar experiencias con chicas. Fue rara la experiencia con "el padrecito". Arenosa y rara. Conseguí lo que quería que era poner yo el cuerno, pero ¿qué ganaba en realidad? ¿De qué me hacía poseedora sino de más dolor y descontento? Ni fue la mejor de las cogidas ni estaba recuperando mi amor propio ni nada. ¿En qué momento y por qué tuvo que pasar eso? ¿Quién me enseñó que tenía que ser así? Y todo eso me lo pregunto ahora que estoy de vacaciones en un hotel como ése, cuando en 1995 estuve en Puerto Vallarta con mi familia. Cosas que trae la vacación. 


MAR: El de Tulum, que aún con tormenta es el más bonito. Me conquistó totalmente. 

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