martes, mayo 28, 2013

Soles, narcisos y zombies


Ocurrió la catástrofe, el infortunio. Parecía que todo estaba dispuesto a colapsar en la sala de baño y quizá haya sido probable, sólo que el castigo divino se arrepintió: Lo único que rompería sería el lavabo. Bueno, qué digo romperse si se rajó nada más, pero se rajó lo suficiente como para escurrir una muy chula gotera y aguarme el piso. Lo necesitaba tanto, sí, que se agrietara el lavamanos. Una putada. Pero qué más daba. Una más no es ya tanto.

En la viña del señor hay goteras y narcisos. Somos muchos narcisos. Estamos enamorados de nosotros mismos y pecamos de mentirosos al decir que no, cómo, si el narciso es otro. Y el otro también lo es, pero tenemos al narciso clavado, bien clavao ahí, dentro.

Y entre goteras y narcisos salen soles. Un día llueve que te cagas y otro no. ¡Ah! ¡La vida! No es tan culera, aunque parezca que sí. Juar.

ZOMBIE: Jugaba con la luz y la velocidad. Menos mal que de zombie no tengo un pelo. Está bien eso de mutar la piel, pero irse dejando trozos de carne... Qué bueno que estoy vivita y coleando.

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