martes, mayo 21, 2013

Ojos que ven y curanderos por delante



Y el curandero me dijo: "Cuando quieras un masaje ayurvédico, me dices". Le contesté que ya vería si eso. Le brillaron los ojos. Me acompañó caminando durante dos calles desde la salida de la escuela de yoga. Intenté ponerle toda mi atención, porque en mi cabeza sólo pensaba: "Un buen escote hace más que mil palabras". Y todo porque me pilló a la salida del vestuario con un vestido y no con la ropa de práctica. Quién lo iba a pensar. Le brillaban los ojos. Le estaba gustando lo que veía. Y no sonreí de más ni pensé en ser fatal o encantadora. Fui. Era. O algo así. Entonces el curandero se me cayó del pedestal. "Si es un hombre común y corriente. ¡Un hombre!", pensé. Eso, ante todo. Y es que soy también de esas facilonas que nada más por verlos en la vertical erguidos como guías, sucumbe ante sus encantos. No voy a negar que en el aula de clase me gusta que me toque y me corrija las posturas. De un tiempo a la fecha me hace falta el contacto humano, el de piel con piel, pero me doy con el de instructor a practicante, sí, con eso me doy. Qué le vamos a hacer. Soy una mujer cualquiera, con mucha pasión por dentro (y por delante, dicho sea de paso). 

Estoy segura de que podría tomar al curandero en mis carnes. Lo vi. Y últimamente veo las cosas que sucederán si quiero y otras que serán de otros si quieren. Por ejemplo: Me he visto regresando al terruño amado para ser la más feliz del mundo y he visto también al Dragón sucumbir ante los encantos de una bella bailarina con mucho interés en los bienes materiales y el dinero. Y así será si queremos.

Yo ahora quiero estar en el DF. Es como si me hubieran constatado que en Guadalajara es y yo cayera enamorada y rendida a los pies de esta ciudad de pobres corazones. Y quién sabe qué sucederá. Ningún curandero me lo puede asegurar.

PIC: El James Franco. Y mejor le paramos de contar. ¡Cúrame ésta!


No hay comentarios.: