martes, marzo 26, 2013

Añoranzas y realidad



La ciudad de calles pequeñas, de andar en bicicleta con poca ropa, como me gusta. El lugar de tanta libertad tan rica y acalorada a veces. Donde me deshice en lágrimas porque no entendía. Y no era la ciudad la razón de que no entendiera. Bien dicen que a dónde va uno sin uno mismo. Y es así.
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Me gustan éstos, mis últimos días con amigos y aventuras que a veces dejo de lado por vivir al lado del Dragón. Cintain de fuego bien me da la vida misma en sus manos y rodeadas por copos de algodón –y en crudo total también me la da–, pero se siente bien jugar a solas. Poner las manos en el fogón y saber que puedo, si quiero, irle a llenar de lodo cuando quiero. 

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Del otro lado supongo que la vida sigue, la gente camina por Argentona, Escorial o Verdi como si nada. Les llueve, porque es primavera. Les sopla un viento frío y delicioso. La vida sigue también de este lado y aprendo cada día que es así. Sueño superhéroes que regurgitan un ácido que derrite manos y piel, sueño casas enormes y atacantes de azotea en fraccionamientos inaccesibles y lejanos. La vida sigue, es así.

FOTICOS: Un mapa barcelones que me acompaña. No miro las calles. Miro el conjunto. Miro y recuerdo la vida sin recordarla y pensando cómo conseguir eso tan solo, esa felicidadcilla efímera y tangible al mismo tiempo. Añoranzas de mierda.

1 comentario:

el7palabras dijo...

:3

La abrazo Mariana.